Cuando me encuentro por casualidad con alguien
lamento que no hayas sido vos.
Me gustaría que al llegar tarde a un lugar
todos pensaran que fue por vos.
Si escribo una novela
te la voy a dedicar a vos.
Si gano un premio
en el discurso de aceptación voy a agradecerte a vos.
Si me entrevistan en la calle
por algún accidente que vi
solo voy a poder contarle a los periodistas de vos.
Si alguna vez tengo otra novia
quiero que a la pobre todos la confundan con vos.
Me caen bien las mujeres que conozco
que se llaman como vos.
Me siento encantado cuando veo a alguna chica
que se me hace parecida a vos.
Cuando recibo una buena noticia
primero te la quiero contar a vos.
Cuando quiero llamar a alguien
por error suelo llamarte a vos.
Cuando doy clases a veces pierdo el hilo de lo que digo
porque mencioné algo que me hizo acordar a vos.
Si me suicido
en la carta va a decir de todo
menos que fue por vos.
Por vos abrí un libro que siempre me había resistido a leer.
Por vos lloré una vez solo en el cine.
Por vos me dejé el bigote.
Por vos renuncié a todo lo que creía.
Por vos volví a creerlo
porque te pareció que estaba siendo demasiado obsecuente.
Mis amigos están cansados de que les hable de vos.
Los amigos de mis amigos saben bien quien sos vos.
Las madres de todos ellos, cuando me ven,
me preguntan por vos.
Odio el trabajo
porque me impide de a ratos
pensar en vos.
Odio la muerte
porque me va a sacar años
que podría pasar con vos.
Odio la memoria
que me da la consciencia
de no estar frente a vos.
El gato de mi hermano nunca fue tan manso
como cuando lo acariciaste vos.
Cuando terminé la facultad me puse triste
porque ya no me iba a cruzar tanto con vos.
No tiene sentido discutir a muerte con nadie
después de haberlo hecho con vos.
Me gustaría que algún día,
cuando lea este poema,
entre la gente estés vos.
Si lo llegás a escuchar
o a leer
sería genial
que te des cuenta sola
de que estoy hablando de vos.
miércoles, agosto 14, 2013
Vos
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chicoverde
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3:45 a.m.
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sábado, agosto 03, 2013
El amante indie
Yo salí con una chica
que había tenido
un amante indie.
Se enamoraron comiendo
en un chino vegano
de Corrientes al mil.
Su romance duró poco
pero todo confluía
para recordármelo.
Cuando se cruzaban
-y bastante se cruzaban-
a ella le brillaban los ojos
como discos de vinilo nuevos.
Él siempre aprovechaba para contarle
que el gato de su hermano
nunca había sido tan manso
como cuando ella lo acarició.
Ella trataba de ocultar
cuánto se sonrojaba
y trataba de desviar la charla
hablando de bandas.
Era evidente que esta muchacha
se desintoxicaba
de un amor alternativo
aburriéndose conmigo.
A mí me gusta el fútbol y la poesía,
escucho siempre los mismos discos,
me encantan los asados
y tengo una bocha de amigos.
La relación no prosperó pero
meses después me encontré
al amante indie en el San Bernardo
y lo desafié al ping-pong.
Los viejos borrachos
los hipsters
los merqueros
los chinos
todos se levantaron
para ver ese partido.
Íbamos empatados en seis
cuando la historia
de nuestra rivalidad
terminó de recorrer
todo el círculo de gente.
Sacaba diecinueve a dieciseis
cuando la vi a ella en la multitud
con los auriculares al cuello
sin entender
que no tenía nada que ver.
El match se estiraba a ventiseis
y la gente vitoreaba cada punto
como si fuera un Roland Garrós enano.
Ninguno de los dos jugaba muy bien;
a fin de cuentas
batallábamos por nuestra incompetencia.
Finalmente
dejé un saque en la red
cuando mi rival tenía el match point.
Se lo llevaron en andas
los hipsters del salón,
un chino me ofreció un fernet
se lo acepté.
Ella iba atrás del malón.
Qué gente pajera
de la que uno se enamora.
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chicoverde
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jueves, julio 25, 2013
De todas las noches
De todas las noches
me quedo con la que te fui a buscar
a esa fiesta en Floresta.
Me llamaste
para que fuéramos a tu casa
y cuando estaba llegando
volviste a hablarme
para decirme que no fuera,
que te sentias mal,
pero ya estaba en la esquina
así que bajaste rota,
rodeada de amigas mutuas
que me miraban apenadas
pero a la vez aliviadas
y algo enternecidas.
La más borracha de las tres
me hacía chistes incómodos
mientras vos dabas
grandes bocanadas de aire.
En el auto me contaste
como entre vino y marihuana
te quisiste desencontrar
y qué supuestos papelones
habías hecho entre invitados.
Me pediste perdón,
cuando llegamos a tu casa
ya estabas mejor.
Nos acostamos en tu cama gigante,
que siempre estaba perfumada
casi tan rico como vos,
y ante tu malestar
ofrecí hacerte un té;
fui a la cocina y seguí tus instrucciones.
Ahí estaba yo,
un amante improbable
conociendo tus hornallas.
Vos, que siempre exageras
que tu vida es un desastre
pero bien controladas
tenés las cosas,
sufriendo en la cama.
Y yo...
Yo no sé,
pero te hice un té.
Y dormimos.
Siempre te recibí
con los brazos casi tan abiertos
como tu cama.
Pero esa noche fue extraordinaria.
Esa noche me necesitaste
y quizás fue la única.
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chicoverde
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4:44 a.m.
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viernes, junio 21, 2013
Hotel
Un hombre sale de un hotel y antes de subirse al taxi nota que ha olvidado su agenda en la habitación. Vuelve a la recepción y explica el olvido al hotelero, quien lo observa extrañado mientras da quizás más explicaciones de las necesarias. Luego de un silencio el empleado le dice que debe tratarse de una equivocación ya que nadie ha abandonado las instalaciones esa mañana y su visita ni siquiera figura en los libros del registro de huéspedes. "Pero si usted mismo me recibió las llaves del cuarto hace apenas cinco minutos" dice el hombre indignado. "Acabo de salir por esta puerta". Hay otro silencio y después de unos minutos de intercambios similares el recepcionista lo toma por loco. El hombre, fastidiado, sube las escaleras y se dirige impetuoso hacia el cuarto que ocupó los últimos cuatro días. Sin atender a los gritos del hotelero, abre la puerta sin cerrojo. Busca rabiosamente las tapas negras de la agenda mientras el otro intenta sacarlo de la pieza por la fuerza. No la encontrará. La ha olvidado arriba del taxi.
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chicoverde
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10:30 p.m.
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Gloria
Adoramos a los valientes
porque sus actos suicidas
garantizan la supervivencia
de nuestra casta de cobardes.
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chicoverde
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10:24 p.m.
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miércoles, abril 03, 2013
Doce historias
"Doce historias" es un compilado de lecturas grabadas en cassette. Incluye once poemas de este blog y un cover de Frank Báez en la cansina voz de Ezequiel Vila sobre una cortina de pequeña distorsión.
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chicoverde
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10:29 p.m.
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viernes, marzo 22, 2013
Tortugas ninja
Llegan las tortugas ninja
llegan las tortugas ninja
llegan las tortugas ninja
viven en los caños
son de newell's (ñuls)
Las tortugas ninja en realidad
(es decir,
aquellas que fueron la inspiración
para la popular franquicia
de muñecos articulados
comics
series
y películas)
no eran ninjas
ni sabían arte marcial alguna;
pero peleadores, eran peleadores.
Su mote se debía
a una casual predilección
de sus benefactores
por los cuellos altos:
se habían acabado los sesenta
y en Rosario,
donde había pegado duro el existencialismo,
las poleras fueron objeto de caridad.
Vivían en las cloacas
porque eran crotos
y se peleaban con la policía,
ferozmente,
porque tenían huevos.
No salvaban parejas en peligro
ni rescataban niños asustados;
no eran celebrados,
nadie los buscaba,
pero eran vistos
como héroes
como héroes leprosos.
Ellos resistían
la enfermedad
la pobreza
la violencia
y era bastante como para reputarse.
Mutaron por la soledad,
pero en secreto se los quería.
Ellos resistían.
¡Cawabonga!
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chicoverde
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2:10 a.m.
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martes, marzo 19, 2013
Plaza Constitución
Bajo del tren y cruzo los ríos proletarios.
Tengo algo en la mano
que el hombre azul
no se digna a mirar:
su indiferencia de hoy
es mi fracaso de mañana.
En un papel y una mirada
está toda la apuesta de mi día.
Envidio la sagacidad de ese hombre
que sabe cuándo mirar
y cuándo no.
Yo no sé cuándo mirar.
En Constitución hay infinita gente
e imagino que también infinitos duelos.
Siempre bajo por las escaleras fijas
y subo por las mecánicas,
cada tanto se descomponen
y puedo ver su interior:
están repletas de basura.
A fuerza de concentración
aprendí a encontrar las ratas abajo del andén.
Su paso es sutil pero rabioso;
imperceptible pese a hambriento;
convencido y subterráneo;
ellas salen, odian y se vuelven.
Supongo que nunca voy a poder
imitar ese paso del todo bien.
Pensar otras cosas es tentador
pero la realidad insiste en hacer covers monocordes
de sus peores deja vu,
por eso ignoro casi todo lo demás.
¿Qué tristeza podría tener la velocidad de esas ratas?
Sé que en Constitución hay gente ínfima
e imagino que también ínfimos duelos.
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chicoverde
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3:41 a.m.
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miércoles, febrero 20, 2013
Las penas de Darwin
desde la popa del Beagle
no puede despegar los ojos de la costa
tras las lágrimas los fuegos se transforman en manchas
y el silencio de los marinos que van y vienen taciturnos por cubierta
haciendo como que trabajan
es el abrazo que puede dar un amigo inglés
lo verás en el reflejo sobre cada borde del cuarzo
cortándo huesos te preguntarás que ha sido
te lo devolverán los sueños y te lo arrebatará la mañana
creerás verlo entre maoríes
acariciarás tu barba de por vida
pensando si había algo que pudiera convencer a Fitz Roy
de que no
que no
que no lo devuelva
o que te deje allí
entre los salvajes
que no es una locura
bajar también del bergantín
que dentro tuyo ha germinado una especie desconocida
que te has enamorado
como solo un naturalista puede enamorarse de un muchachito indio
"¡pobre, pobre hombre!"
queda atrás el eco del querido Jemmy Button
en los lejanos y fríos mares del sur
despediste el amor
y quedó solo la ciencia
con todas sus carencias
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chicoverde
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11:55 a.m.
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jueves, enero 31, 2013
Historia de dos viajeros
La amistad es esto:
Dos viajeros se cruzan
en el medio del desierto.
Quizás uno escapa del imperio
al que el otro viaja como peregrino.
En el medio de la nada se detienen
e intentan saludarse
en lenguas incomprensibles.
Uno de ellos
-no importa cuál-
saca una fruta
la parte en dos
y convida al otro.
Se miran a los ojos
y mastican en completo silencio.
Alternativamente miran cada horizonte.
Uno posa los ojos en el camino que dejó
el otro en su incierto destino.
Quien lo tenga
lanza el carozo al suelo
se sonríen
caminan
y nunca más se volverán a ver.
Hay un misterio que me obsesiona
en la frecuencia
con que los desconocidos se saludan
cuando no están en la ciudad.
Llevo kilómetros de caminata por la playa
-cuando empiezo a caminar por la playa
no puedo detenerme
camino siempre hacia el norte
y algo me hipnotiza
algo me llama
las ansias de ver
destrás del próximo espigón
o el vértigo de no volver jamás-
llevo kilómetros de caminata por la playa
cuando avisto a varios metros
a dos tipos que corren
en dirección contraria.
No puedo sacarles los ojos de encima
por la variación que ofrecen a la dulce monotonía
del oceáno rugiente y la humedad de la arena.
El primero,
un negro mota de casi dos metros,
me dice "hola".
"Buenas" contesto.
El de atrás, pelado,
levanta la cabeza
y devuelve el saludo.
Pienso que nunca más los voy a volver a ver.
A la noche me los encuentro en un bar.
Nos sentamos juntos
tomamos una birra.
Washington tiene una fábrica de soda
Luis es analista en sistemas.
Estoy convencido
desde hace un tiempo
de que si la gente tuviera siempre
una historia lista para contar
este sería un mundo
en el que yo viviría más cómodo.
Luis tiene una historia para contar.
Vivió dos años en un departamento
en Caballito.
Todas las tardes al volver
de su trabajo en microcentro
salía al balcón
a fumar un cigarrillo ritual
y mirar tranquilamente la ciudad
como un viejo hombre de mar
retirado
y apostado en un faro.
Pero este rito había mutado
en poco tiempo
por la espejada costumbre fumadora
de la vecina del departamento de enfrente.
Cada pitada de Luis
era una plegaria para que saliera ella también.
Durante dos años Luis vivió en ese balcón.
Asegura que jamás la vio en el supermercado
ni en la verdulería
ni el kiosko
ni en la farmacia.
Fueron diecinueve meses de contemplación silenciosa
hasta que ella se mudó.
Igual siguió siendo un fiel fumador de balcón,
incolumne sobre las mareas citadinas.
Pero una noche la encontró
como una aparición
en un after office.
Movido por fuerzas que desconoce
se sentó en su mesa
y confesó sus horas de vigilia.
Ella pensó que era un chiste al principio
pero al entender la seriedad en los ojos del otro
le dijo que nunca lo había visto.
La tristeza de Luis, borracho,
habla de la ridiculez del deseo.
Nunca más la volvió a ver.
En el colegio había una chica
que se llamaba Edurne,
que solo por su nombre
merece estar en cualquier poema.
Todos los recreos
del invierno del 2003
los pasé tomando café dentro del curso
y mirando por la ventana
a esa chica pálida,
regordeta
de ojos celestísimos
y cabellos como hilos de oro.
Mi idiotez y la de Luis fue la misma:
querer llevar la palabra
ahí donde mandaban los ojos.
A fin de año en un baile,
embriagado de un coraje ajeno
me le acerqué
y le dije que era la persona más bella
que había visto
jamás,
que quería conocerla
que sería fantástico conocerla.
No había palabras
que esa chica pudiera decirme,
la incomodidad nos invadió rápidamente,
la formalidad prestó algunas de sus fórmulas
ella egresó
y jamás la volví a ver.
En algún lugar
dice Lacan
que ver
es ser visto.
Luis y yo sabemos cuánto se equivoco.
Dos rivales en una justa
se baten vistiendo los mismos colores:
mientras el silencio del pensamiento
nos hace presos de nosotros mismos,
la voz nos promete que su irrupción
hará que el mundo se arrodille a nuestros pies.
El deseo grita en las tribunas.
No sé si todo lo genuino es inesperado,
si la fuerza de lo real
reside esencialmente en su irrupción,
ni si la imaginación
parirá siempre ingenuidades.
Washington dijo
que está bien jugársela.
Epílogo:
vuelvo a Buenos Aires
vuelvo a mi casa
vuelvo a mi trabajo.
Busco a Edurne en Facebook.
No está.
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chicoverde
a la/s
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