Hay cosas que uno se niega hacer
aunque las puede hacer al instante
por ejemplo:
pagar el teléfono
por ejemplo:
decirte que vengas para acá.
El que te rompe las bolas para juntarse
en realidad no te quiere ver,
quiere cobrar el recargo.
El que nunca arranca las clases de guitarra
se deleita con la envidia
al que sube sus canciones a Youtube.
Mi amigo Maxi ahorró
para irse de vacaciones al Congo
subió una montaña florida
ahogada en el medio de la selva
y se encontró en una cueva inhóspita
a un brujo envuelto en trapos
y manchado de los colores de la tierra
que le dijo con la voz de los dioses
los secretos del placer y la prosperidad:
cómo vivir rodeado por quienes ama
sin temor a los atentados de la fortuna
cómo permanecer para siempre ajeno
a los caprichos trágicos de la humanidad.
Además le reveló
la fecha en la que se termina el mundo
pero en un calendario secreto
y ahora Maxi, abatido,
hace cuentas.
Mirá las fotos
subido a un elefante.
Mirá las fotos.
Mirá qué lindo es viajar.
En el kiosko una chica de rastas
se queja del precio de los preservativos.
El empleado del Pago Fácil
tiene monedas
contradiciendo lo que avisan sus carteles.
Y el tiempo nos hincha el vientre
como a desnutridos.
Y mirá si esto
no es también el hambre.
Y mirá como cansa
también un poco descansar.
martes, enero 13, 2015
Quehaceres
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chicoverde
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domingo, noviembre 30, 2014
Qué quería ser de grande
Recuerdo cómo nos reimos
cuando en cuarto grado
Ezequiel Lupinacci
dijo que quería
ser remisero de grande.
Su falta de aspiraciones
a todos los futuros aviadores
y médicos forenses
nos resultaba tan objeto de burla
como desconcertante.
Pero habría que revisar
si ese era un sueño tan vulgar.
Si en ese momento pensamos
que su imaginación era apocada
entendimos todo mal.
Juzgar sin remedio ese justo anhelo
era simplificar.
Sin dudas en su mente infantil
alguna entusiasmo debía prometer
esa profesión barrial.
La pregunta es
¿qué imaginaba Lupinacci
de su vida al volante?
¿qué fantasías noctámbulas
manejando bajo la lluvia
cumpliendo con los destinos de otros?
No sé si Lupinacci se hizo remisero.
Pero una vez me subí a un 278
y reconocí en el chofer
a Matías Croceri
otro compañero de la primaria.
No sé cómo llegó a ser chofer de línea
Matías Croceri,
o Croco como todos le decían,
pero cuando lo vi inmediatamente
pensé en su hermana muerta.
Pensé en esa tarde confusa
en la que todos los compañeros
fuimos al velorio en su casa,
no deberíamos tener más de nueve
o como mucho diez años.
Estábamos con el uniforme,
nos había llevado la señorita Silvina
como si fuera una excursión a la muerte,
sin dudas la más didáctica
de todas las que jamás hicimos.
La única vez que había ido a esa casa
fue para un cumpleaños
y la hermanita de Croco ya estaba complicada,
sentíamos los chicos el tabú de no preguntar
por qué esa nena no jugaba.
Ahí estabamos los ventipico de la división
compenetrados en el papel solemne
que sabíamos que había que representar
ayudados por la perplejidad
de afrontar colectivamente una desgracia.
Fede Silva señaló la marca en el centro
de las coronas y comentó con un tono sarcástico:
"Lo único que les importa es la publicidad".
Y todos lo repetimos, porque entendimos
el asco del capital en el seno del rito.
Después de unas condolencias incómodas
me fui caminando con Esteban
hasta nuestras casas.
(¿por qué nos dejaron volver solos
si habíamos ido en excursión?)
En el camino nos cruzamos con Juan Manuel,
el hermano mayor de Anabella Jorjovich,
y le contó a Esteban emocionado
que había encontrado o alguien le había regalado
un mazo de cartas pornográfico.
Nos desviamos y fuimos a ver las cartas
yo seguí por inercia, creo que no sabía volver a casa,
en todo caso no comprendía demasiado
muchos misterios para un solo día
ni sospechaba lo que era la paja.
No recuerdo qué meditaciones ocupaban
mi cabeza en esos años
pero me he acostumbrado a las marcas
de las coronas en los funerales,
he ajustado mi ánimo al pasaje
del pensamiento de la muerte
al deseo de la carne,
he aprendido a volver solo
hasta mi casa caminando.
Pero no me acuerdo, cuando era chico,
qué quería ser de grande.
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chicoverde
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miércoles, noviembre 05, 2014
Graffitti
Tu cuerpo es mi forma favorita
de sentirme a mí mismo.
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chicoverde
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lunes, octubre 06, 2014
Poema de Jack
Apoyo mi mano en tu pierna
y aprieto el pedal a fondo.
El bólido ruge como una bestia
y tus ojos se clavan en el retrovisor;
detrás la manada de automóviles nos da cacería
nosotros nos negamos a ser la presa.
La sombra de las palmeras cubren la autopista
y el sol a lo alto mira todo
como un testigo tieso por el encanto de la lucha;
es un empresario de frac
tomando champagne en la primera fila
de un estadio de box.
Una brisa nauseabunda anticipa la señal funesta
de las pilas de abono en el asfalto,
el temblor no se hace esperar
y al cruzar las barreras rotas del peaje
escuchamos la estampida.
Colas
garras
fauces hambrientas
nos rozan a cientos de kilómetros por hora.
Siempre disfruté la ironía que hay
en escapar de la amenaza jurásica
impulsados por la fuerza de sus antepasados,
sus cadáveres explotan en el secreto del motor;
a veces deliro que ellos lo saben.
Nuestros perseguidores no tienen tanta suerte:
los dientes afilados se clavan en los chasis,
los pocos que parecen escapar
reciben en sus neumáticos
el beso de tus balas
y la carretera vuelve a emborracharse de sangre.
Parece que llegaremos hasta otra noche
para honrar nuestra propia versión de lo salvaje.
Veo en tus ojos la necesidad de parar ahora
y quizás no volver jamás al camino.
Pero aunque queden atrás los rufianes
y los terribles lagartos
la fuga continúa,
porque hasta que el sol no se apague
o nos quedemos nosotros sin más días
ya no estaremos seguros.
Porque vivimos en este insólito mundo
donde solo el fuerte sobrevive, mi amor,
vivimos en un mundo
de cadillacs
y dinosaurios.
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chicoverde
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martes, agosto 12, 2014
Wasabi
en el especiero de mis emociones
sos el wasabi
y yo no sé si el wasabi
es una especia
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chicoverde
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martes, junio 24, 2014
El otro Messi
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chicoverde
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viernes, mayo 02, 2014
Breve crónica del ascenso de los superhéroes
23 de enero de 2013. En Lanús, un hombre se resiste a un asalto al llegar a su casa y se balea con un grupo de delincuentes. El agredido es identificado como Menganno, personaje que, vestido con un traje de kevlar y un casco azul metalizado que cubre la mayor parte de su rostro, patrulla en moto las calles del conurbano sur para prevenir crímenes.
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chicoverde
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jueves, octubre 17, 2013
Extasis peronista
Es posible que tales potencias hayan sobrevivido...
hayan sobrevivido a una época irrecuperable
donde la conciencia se manifestaba,
quizá,
bajo cuerpos y formas que ya hace tiempo
se retiraron ante la marea de la historia...
formas de las que sólo la poesía y la leyenda
han conservado un fugaz recuerdo
con el nombre de dioses, monstruos o
seres míticos de toda clase y especie...
J.P. Lovecraft (sic)
"Si Evita viviera
sería montonera"
rezan las masas
famélicas de conducción.
¿Pero es que los espíritus
no pueden también
tener afiliaciones políticas?
¿No hay seres del inframundo
y criaturas celestes
pergeñando estrategias
para la confrontación última?
Así lo creyó aquel que dio a los hombres
las 20 tablas de la verdad,
el trabajador primigenio,
el antiguo que duerme en San Vicente,
de aquel que supo qué era mejor
entre decir y hacer
entre prometer y cumplir.
La dignidad del hombre,
el despertar de ese monstruo infinito
llamado Pueblo y
el bautismo de ese otro monstruo
llamado Movimiento,
hablan de una trascendencia superior
que solo se encuentra en la unión.
El don que nos dio el justicialismo
es el de encantar y animar
a un Estado que originalmente
ya era visto como un monstro antidiluviano
y que solo aquí
en estas pampas
podemos reificar como un ente piadoso y ubicuo
que nos abraza a todos.
El primer sacerdote de la iglesia peronista
fue Lopez Rega.
Sobre el cadaver de la virgen
inflamó por primera vez los ritos
que hoy todos reproducimos.
No hay brujos sin iniciados
y gracias al ritual de la carne
-¿y qué otra cosa nos ha movido, compañeros,
durante todos estos años,
sino el agasajo en las tripas de las tripas
en orgiástica reunión,
qué otro motor para el sentimiento
de las masas que irrigan las avenidas
hacia la Plaza de Mayo
en cada manifestación de afecto?-
gracias al ritual de la carne
no se lavó ningún pecado
sino que fue escrita
nuestra condena al éxito.
No neguemos nuestra hubris peronista
no renunciemos a nuestras tautologías inquebrantables
no reneguemos de nuestros cajones incendiados
no subestimemos nuestra amor por los símbolos
no olvidemos las pintadas, los cuerpos sudorosos, la lluvia y el paraguas,
no olvidemos a mi tío Heraldo que cantaba la marcha cuando izaban la bandera en el colegio y eran años de proscripción
no olvidemos la rebeldía
ni ocultemos nuestra barbarie
porque esa fuerza es la que nos salvará del olvido de la historia.
Me pregunto si habrá otra lengua
para decir "sí"
que no sea peronista.
Me pregunto si habrá otra forma
de prender el carbón
sin invocar al Prometeo de la UOM.
Me pregunto si habrá otra forma
de celebrar misa sin pensar
en quién trajo el vino
y quién trajo el pan.
Me pregunto si habrá una verdad
más allá de la fe...
y el dogma me dice que sí
que sí la hay
que la única verdad
es la realidad.
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chicoverde
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martes, octubre 15, 2013
El último viaje de Omar
Originalmente publicado en Revista Velociraptors #3.
Esperaba escuchar cualquier voz, excepto la suya. Ese mensaje distorsionado había roto el silencio perfecto de una jornada tan tranquila como todas las de los últimos meses. Desde que salió de Titania cada día había parecido el mismo para Omar: despertar en la cucheta, ducharse, mirar el espacio infatigable esperando que se caliente el agua, buscar una herramienta entre el desorden concentrado de la cabina, observar personalmente la maquinaria, fumar un cigarrillo, revisar los procesos de la consola cada media hora, leer un rato, programar la ruta pasiva, verificar la maquinaria otra vez antes de irse a dormir. Estaba muy cerca de su destino, apenas cuatro o cinco meses al ritmo que venía, y lo peor parecía haber quedado atrás. Había sido un viaje largo y duro. Pero cuando aceptó el trabajo en la Tierra sabía que ese esfuerzo se vería recompensado, porque al llegar a Neptuno habrían pasado más de tres años y, si todo salía bien, algún día cerca del final del trayecto cumpliría 70 años, llegando así su merecida jubilación.
Ese día era hoy. A la mañana, al mirarse al espejo antes de ducharse, se había detenido en la maraña de su cabeza encanecida y había pensado que le daba un aspecto algo salvaje para un viejo de casi 70. Un rato después, revisando los programas, observó que en ese momento en la Tierra era 15 de octubre, por lo tanto nada de “casi”. Pasar sus últimos días en Neptuno no sonaba mal, le gustaba la luz ténue de su atmósfera y los montes celestes en el horizonte. Incluso Nelly, uno de sus viejos romances del camino, vivía ahí. El día había seguido como todos los demás, apilando pensamientos al ritmo lánguido del manso y oscuro espacio. Hasta que sonó el pitido.
Omar, primero extrañado, miró el tablero esperando encontrar un error en los procesos o la advertencia de una avería. Solo con el segundo llamado reconoció ese sonido olvidado: era la radio. El aparato, lleno de polvo, colgaba del techo con su display de numeros verdes apagados marcando eternamente la misma frecuencia. Los sistemas de radio de onda eran casi una reliquia. Si bien la ley sistémica decía que eran obligatorios para todos los vehiculos profesionales, la mayoría de los cargueros espaciales se comunicaban mediante los sistemas de llamada integrados al equipo de navegación, como las naves particulares. La mayoría de los conductores las montaban en su cabina y la convertían en una excusa para colgar medallitas, cintas y otras boludeces, si acaso no la olvidaban para siempre. Lo único que se escuchaba por esos canales abiertos eran las fantasías eróticas y los comentarios xenófobos de los tipos más solos del Sistema Solar. Omar estaba paralizado. Alguien en algún lugar de ese cuadrante lo estaba llamando con ese aparato primitivo. Cuando sonó la tercera vez, salió de su estupor y presionó el botón para aceptar la transmisión. La voz era inconfundible. Era la suya.
...doce, este es el protocolo de socorro del astromotor XRT 091288 con bandera terrestre. Número de identificación sistémica EA3005677813301. Se ruega a todas las naves cercanas prestar asistencia... Recording signal number twelve. This is the aid protocol from...
Cuando pudo prestar atención a las palabras entendió de qué se trataba. Era el mensaje automático de auxilio del Misionero, su primera nave. El destino había dispuesto que su nuevo conductor se accidentara cerca de su camino. Rastreó la señal y llamó a la nave. La había vendido hacía más de 30 años y era un fierro de aquellos; no le hubiera extrañado para nada enterarse de que seguía surcando el éter, aunque jamás hubiera esperado encontrarla en esta ruta ya que era una nave que no estaba preparada para viajar por las largas distancias de los planetas exteriores. El aparato continuaba enviando la señal. Unos 900.000 kilómetros lo separaban de la señal emisora. Nadie contestaba. Un mero desvío de diez o doce horas, pensó. Su llamada seguía sin ser aceptada y la intriga valía más que eso. Colgó la radio y fijó el nuevo rumbo.
Se puso un poco ansioso, quiso fumar un cigarrillo y sentarse a recordar mirando las estrellas pero no encontraba la caja en ninguna parte del caos de su cabina. El Misionero había sido su único compañero durante años terribles, cuando recién se había separado de su mujer y todavía no se resignaba a que su hijo lo mirase como a un extraño. Los viajes a Marte y a la Luna no eran tan largos como los que emprendía ahora, pero fueron suficiente para alejarlo de su familia. Ver al Misionero ahora sería como encontrarse con un viejo amigo, quizás uno mucho más íntimo que las pocas personas que a veces se acuerdan de él a lo largo y a lo ancho de todo el Sistema Solar, gentes perdidas en colonias y estaciones cuyas vidas se intersectan con la suya intermitentemente, por unos minutos, cada algunos años. Se preguntaba en qué condiciones lo encontraría. ¿Lo habrían pintado? ¿Habrian arreglado el termostato de la cabina? ¿Qué mejoras habrían introducido en esos motores de fusión para llegar hasta allí? Se hizo tarde y se acostó pensando en la nave, en su ex mujer y su hijo. Parecían ser parte de la vida de otro. El tiempo o lo que sea que le pasaba a él en las rutas del Sistema Solar, entre sus múltiples calendarios y sus flujos de vidas que se encienden y se apagan, lo había separado de esa persona para siempre.
Cuando despertó estaba a menos de una hora del lugar del que provenía la señal. El sistema de navegación marcaba un banco de asteroides en su camino, donde probablemente estaría la nave perdida. Cambió el sistema a manual y pilotó con cuidado entre las gigantescas rocas flotantes. De repente, detrás de una piedra gigantesca, en el medio de la noche eterna, apareció el Misionero. Estaba idéntico a como lo recordaba: el inmenso crucifijo plateado dibujado en la trompa negra relucía bajo los agitados rayos del Sol y los dos acoplados rectangulares parecían inmaculados. Luego de un vago instante de deslumbramiento, razonó que ese no era el aspecto de una nave asaltada por piratas o estrellada en un banco de asteroides. Volvió a llamarla con la radio y tampoco obtuvo respuesta. Estacionó a su lado, se puso el emparchado traje espacial y salió a explorarla.
De un salto aterrizó sobre el techo del Misionero y enganchó en el pico superior una de las tiras del cable que lo sujetaba a su nave; avanzó lentamente y con cuidado hacia la puerta de emergencia. Todavía recordaba el código de seguridad y no tuvo problemas para ingresar, ninguno de los dueños posteriores había cambiado la clave. El interior estaba oscuro. Como tantas veces estiró la mano detrás del traje espacial colgado y encendió las luces de la sala de expulsión y la cabina. No esperaba encontrar a nadie vivo, pero tampoco había cuerpo alguno en la cabina ni en la cucheta. Al sacarse el traje lo invadió el dulce aroma de los asientos de cuero impregnados de tabaco y los pisos sucios de grasa. A pesar del deseo de quedarse en la embriaguez de la cabina fue al cuarto de máquinas. Todos los aparatos parecían estar en perfecto funcionamiento. Las escotillas de la maquinaria estaban cerradas, lo que significaba que nadie podía encontrarse entre los aparejos porque únicamente se cierran desde afuera. Por las dudas revisó los motores, ante la posibilidad de encontrar algo grotesco. Pero no había resto humano, todo estaba como lo recordaba. Ya que había bajado puso todo en marcha.
Volvió a la cabina. Ahí también todo estaba en su lugar. No entendía. ¿Cómo había llegado la nave ahí?Se dejó llevar por la costumbre y encendió el stereo, sonaba un bolero. ¿Quién había enviado la señal? Sumergido en el interrogante removió confiado un panel del techo y sacó un paquete de cigarrillos escondido. Encendió uno y pitó. Suerte que nadie los había encontrado. Si la nave funcionaba bárbaro ¿por qué alguien la habría abandonado? Se sentó en el banquito que había comprado en el bazar de Europa y se sacó los zapatos. Permaneció pensativo unos instantes. Se levantó. El piso estaba frío, nadie había arreglado el termostato en todos esos años. Fue hasta la radio y apagó la señal de auxilio. Volvio a sentarse, se cebó un mate y observó por el parabrisas cómo se alejaba esa nave último modelo, con un cable colgando como un cordón umbilical.
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chicoverde
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6:29 p.m.
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miércoles, agosto 14, 2013
Vos
Cuando me encuentro por casualidad con alguien
lamento que no hayas sido vos.
Me gustaría que al llegar tarde a un lugar
todos pensaran que fue por vos.
Si escribo una novela
te la voy a dedicar a vos.
Si gano un premio
en el discurso de aceptación voy a agradecerte a vos.
Si me entrevistan en la calle
por algún accidente que vi
solo voy a poder contarle a los periodistas de vos.
Si alguna vez tengo otra novia
quiero que a la pobre todos la confundan con vos.
Me caen bien las mujeres que conozco
que se llaman como vos.
Me siento encantado cuando veo a alguna chica
que se me hace parecida a vos.
Cuando recibo una buena noticia
primero te la quiero contar a vos.
Cuando quiero llamar a alguien
por error suelo llamarte a vos.
Cuando doy clases a veces pierdo el hilo de lo que digo
porque mencioné algo que me hizo acordar a vos.
Si me suicido
en la carta va a decir de todo
menos que fue por vos.
Por vos abrí un libro que siempre me había resistido a leer.
Por vos lloré una vez solo en el cine.
Por vos me dejé el bigote.
Por vos renuncié a todo lo que creía.
Por vos volví a creerlo
porque te pareció que estaba siendo demasiado obsecuente.
Mis amigos están cansados de que les hable de vos.
Los amigos de mis amigos saben bien quien sos vos.
Las madres de todos ellos, cuando me ven,
me preguntan por vos.
Odio el trabajo
porque me impide de a ratos
pensar en vos.
Odio la muerte
porque me va a sacar años
que podría pasar con vos.
Odio la memoria
que me da la consciencia
de no estar frente a vos.
El gato de mi hermano nunca fue tan manso
como cuando lo acariciaste vos.
Cuando terminé la facultad me puse triste
porque ya no me iba a cruzar tanto con vos.
No tiene sentido discutir a muerte con nadie
después de haberlo hecho con vos.
Me gustaría que algún día,
cuando lea este poema,
entre la gente estés vos.
Si lo llegás a escuchar
o a leer
sería genial
que te des cuenta sola
de que estoy hablando de vos.
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chicoverde
a la/s
3:45 a.m.
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