desde la popa del Beagle
no puede despegar los ojos de la costa
tras las lágrimas los fuegos se transforman en manchas
y el silencio de los marinos que van y vienen taciturnos por cubierta
haciendo como que trabajan
es el abrazo que puede dar un amigo inglés
lo verás en el reflejo sobre cada borde del cuarzo
cortándo huesos te preguntarás que ha sido
te lo devolverán los sueños y te lo arrebatará la mañana
creerás verlo entre maoríes
acariciarás tu barba de por vida
pensando si había algo que pudiera convencer a Fitz Roy
de que no
que no
que no lo devuelva
o que te deje allí
entre los salvajes
que no es una locura
bajar también del bergantín
que dentro tuyo ha germinado una especie desconocida
que te has enamorado
como solo un naturalista puede enamorarse de un muchachito indio
"¡pobre, pobre hombre!"
queda atrás el eco del querido Jemmy Button
en los lejanos y fríos mares del sur
despediste el amor
y quedó solo la ciencia
con todas sus carencias
miércoles, febrero 20, 2013
Las penas de Darwin
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chicoverde
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11:55 a.m.
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jueves, enero 31, 2013
Historia de dos viajeros
La amistad es esto:
Dos viajeros se cruzan
en el medio del desierto.
Quizás uno escapa del imperio
al que el otro viaja como peregrino.
En el medio de la nada se detienen
e intentan saludarse
en lenguas incomprensibles.
Uno de ellos
-no importa cuál-
saca una fruta
la parte en dos
y convida al otro.
Se miran a los ojos
y mastican en completo silencio.
Alternativamente miran cada horizonte.
Uno posa los ojos en el camino que dejó
el otro en su incierto destino.
Quien lo tenga
lanza el carozo al suelo
se sonríen
caminan
y nunca más se volverán a ver.
Hay un misterio que me obsesiona
en la frecuencia
con que los desconocidos se saludan
cuando no están en la ciudad.
Llevo kilómetros de caminata por la playa
-cuando empiezo a caminar por la playa
no puedo detenerme
camino siempre hacia el norte
y algo me hipnotiza
algo me llama
las ansias de ver
destrás del próximo espigón
o el vértigo de no volver jamás-
llevo kilómetros de caminata por la playa
cuando avisto a varios metros
a dos tipos que corren
en dirección contraria.
No puedo sacarles los ojos de encima
por la variación que ofrecen a la dulce monotonía
del oceáno rugiente y la humedad de la arena.
El primero,
un negro mota de casi dos metros,
me dice "hola".
"Buenas" contesto.
El de atrás, pelado,
levanta la cabeza
y devuelve el saludo.
Pienso que nunca más los voy a volver a ver.
A la noche me los encuentro en un bar.
Nos sentamos juntos
tomamos una birra.
Washington tiene una fábrica de soda
Luis es analista en sistemas.
Estoy convencido
desde hace un tiempo
de que si la gente tuviera siempre
una historia lista para contar
este sería un mundo
en el que yo viviría más cómodo.
Luis tiene una historia para contar.
Vivió dos años en un departamento
en Caballito.
Todas las tardes al volver
de su trabajo en microcentro
salía al balcón
a fumar un cigarrillo ritual
y mirar tranquilamente la ciudad
como un viejo hombre de mar
retirado
y apostado en un faro.
Pero este rito había mutado
en poco tiempo
por la espejada costumbre fumadora
de la vecina del departamento de enfrente.
Cada pitada de Luis
era una plegaria para que saliera ella también.
Durante dos años Luis vivió en ese balcón.
Asegura que jamás la vio en el supermercado
ni en la verdulería
ni el kiosko
ni en la farmacia.
Fueron diecinueve meses de contemplación silenciosa
hasta que ella se mudó.
Igual siguió siendo un fiel fumador de balcón,
incolumne sobre las mareas citadinas.
Pero una noche la encontró
como una aparición
en un after office.
Movido por fuerzas que desconoce
se sentó en su mesa
y confesó sus horas de vigilia.
Ella pensó que era un chiste al principio
pero al entender la seriedad en los ojos del otro
le dijo que nunca lo había visto.
La tristeza de Luis, borracho,
habla de la ridiculez del deseo.
Nunca más la volvió a ver.
En el colegio había una chica
que se llamaba Edurne,
que solo por su nombre
merece estar en cualquier poema.
Todos los recreos
del invierno del 2003
los pasé tomando café dentro del curso
y mirando por la ventana
a esa chica pálida,
regordeta
de ojos celestísimos
y cabellos como hilos de oro.
Mi idiotez y la de Luis fue la misma:
querer llevar la palabra
ahí donde mandaban los ojos.
A fin de año en un baile,
embriagado de un coraje ajeno
me le acerqué
y le dije que era la persona más bella
que había visto
jamás,
que quería conocerla
que sería fantástico conocerla.
No había palabras
que esa chica pudiera decirme,
la incomodidad nos invadió rápidamente,
la formalidad prestó algunas de sus fórmulas
ella egresó
y jamás la volví a ver.
En algún lugar
dice Lacan
que ver
es ser visto.
Luis y yo sabemos cuánto se equivoco.
Dos rivales en una justa
se baten vistiendo los mismos colores:
mientras el silencio del pensamiento
nos hace presos de nosotros mismos,
la voz nos promete que su irrupción
hará que el mundo se arrodille a nuestros pies.
El deseo grita en las tribunas.
No sé si todo lo genuino es inesperado,
si la fuerza de lo real
reside esencialmente en su irrupción,
ni si la imaginación
parirá siempre ingenuidades.
Washington dijo
que está bien jugársela.
Epílogo:
vuelvo a Buenos Aires
vuelvo a mi casa
vuelvo a mi trabajo.
Busco a Edurne en Facebook.
No está.
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chicoverde
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2:06 p.m.
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jueves, diciembre 27, 2012
Las pibas del Wonderboy
¿Te acordás de las pibas del Wonderboy?
Todavía puedo verlas sentadas
en los banquitos de fierro
con sus shorts de jean
o cortísimas faldas negras
de flequillo y colita
levantando los hombros con cada salto.
Pensar que nos criamos viendolas
en sus dieciseis
tanto mayores
ya mujeres para nuestros ojos infantes
por un momento fuera del Sunset Riders
encontrandonos por primera vez
el fantasma que todavía perseguimos.
Qué lindas las pibas del Wonderboy
sus walkmans amarillos
alrededor del cuello cansado
de sostener la mandíbula
que masca un chicle eterno
que pasea un chupetín
que pita un cigarrillo esperando la próxima partida.
¿Te acordás de cómo se fumaba
en los fichines en los 90?
Si hasta las máquinas tenían ceniceros incrustrados
detrás de las palancas Atari de bocha roja.
Había cada antro en la estación de Lomas...
Mi mamá me llevaba a esos recintos brillantes
humeantes
repletos de metaleros adictos al Mortal Kombat
seguramente justos amantes
de las pibas del Wonderboy
que cada tanto les irían a manguear un Derby
y alguna ficha.
Nati era una piba del Wonderboy
pero anacrónica
tan producto del 2006 como yo
y al mismo tiempo tan tímida y espléndida
como sus antecesoras de 1995.
Me encantaba de Natalia su ternura
esa sencillez para todas las cosas
y la forma aguerrida en que sostenía los controles
cómo sus párpados se cerraban tensos
sobre el tubo de la máquina.
Las pibas del Wonderboy eran implacables
un canto a la dedicación
siguiendo el hipnótico ritmo de sus golpeteos
la botonera aullaba de placer
por la precisión de sus pulsaciones
y todos se pasmaban por la exactitud
con que mandaban a ese pibe rubio,
con el dominio sobre esa isla de cobras y murciélagos,
y suspiraban pensando en cómo invitarle una Coca.
Si acaso una roca incalculable
atropellaba sus patinetas
¡qué puteadas súbitas
de esos labios otrora pudorosos!
¡Qué bramidos barbáricos
al decapitar a aquel gigante reincidente!
Esa pasión jamás podría encontrarse
en las calculadoras amantes del Tetris
o del Puzzle Bubble.
La adrenalina de una piba del Wonderboy
no se iguala con nada.
El encanto, la fascinación
que me producían esas jóvenes determinadas
rítmicas hasta para los secretos,
capaces pararse en un abismo,
golpear y encontrar una vida extra
¡qué barbaridad!
¡quién pudiera frenarse, largar un martillazo y tener otra vida!
¿A dónde se fueron las pibas del Wonderboy?
¿Hoy son telemarketers?
¿Kioskeras?
¿Se niegan a jugar a la Wii?
¿Han procreado hijas de flequillo
medio isleñas
medio metaleras
que calzan plataformas?
¿Veranean en Mar del Plata
y suspiran al pasar por las incolumnes máquinas
que desde principios de los 90s
iluminan la Feliz?
Qué terrible las pibas del Wonderboy
¿dónde fueron
qué ha pasado
qué hicimos
con las mujeres que sabían jugar así?
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chicoverde
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11:09 p.m.
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lunes, diciembre 17, 2012
Canción de Mêlée Island
En Mêlée Island hay un bar,
sirven grog
y nada más.
Hay corsarios y bandidos,
una rata
con tres tipos.
Hay una bruja, está medio mal,
agarra el pollo
lo vas a apreciar.
También un troll en un puente,
para pasar
dale un arenque.
Nunca dejes de visitar
el circo, el faro,
la tienda de Stan.
En el uso de la espada
te pueden
entrenar.
"Yo soy goma, tú eres cola",
vas a cansarte
de escuchar.
En Mêlée Island hay muchas.. cosas para mirar
que todos quieren algún día... ¡tocar!
En Mêlée Island anda un gordo,
vende mapas,
tiene un loro.
Hay caniches, son feroces,
con la carne
dales flores.
Mira ese muelle sobre la costa:
bajo el agua
hay cosas filosas.
Tienen un ídolo misterioso
y enterrado
un tesoro.
Si te metes en problemas
dentro de
la ciudad
ten cuidado con el sheriff,
te lo digo,
es Le Chuck.
En Mêlée Island hay muchas.. cosas para apreciar
que todos quieren algún día... ¡robar!
En Mêlée Island vive un pelado
tiene dos garfios,
está asustado.
Hay un túnel en la piedra,
que nadie sabe
como se entra.
Una selva muy tupida
seguilo al viejo,
es como un guía.
Hay tres pruebas
para hacer
si un pirata quieres ser.
Una lengua afilada
daña más
que cualquier espada.
Pero el mejor espadachín
lleva en la boca...
cerveza de raíz.
En Mêlée Island hay tantas.. cosas para olvidar
que todos quieren algún día... ¡regresar!
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chicoverde
a la/s
3:14 p.m.
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miércoles, diciembre 12, 2012
Tantos
vos tan dulce
yo tan diet
vos tan joven
yo tan pelado
vos tan filosa
yo tan rústico
vos tan gritona
yo tan quemagorra
vos tan armónica
yo con tan poca métrica
vos tan fuera de serie
yo tan artesanal
vos tan arisca
yo más regalado que un señalador en la feria del libro
vos tan tímida
yo tan pesado
vos tan tranquila
yo tan ansioso como para escribir poemas a las 3 am
vos tan lobby
yo tan pasillo
vos tan fresca
yo tan plagio
vos tan lejos
yo acá a unas cuadras
vos tan inoportuna
yo llamé varias veces antes de venir
vos tan especial
yo tan grato
vos tan cansada
yo tan abúlico
vos tan Rio
yo tan Tokio
vos tan cool, tan trendie, tan indie
yo tengo remeras de cuando tenía doce
vos tan celeste
yo tan verde de envidia
vos tan pilas
yo tan mecánico
vos tan brillante
yo tan opacado por vos que sos tan brillante
vos tan parcial
yo tan fácil de convencer
vos tan troska
yo tan resignado al peronismo
vos tan reticente a hablar de las cosas
yo te cuento en este poema que ayer atropellé a un motociclista
vos tan barca
yo tan remo
vos tan histérica
yo también
vos tan cobarde
yo también
vos tan condenada al olvido
yo también
vos tan apática
yo tan cassettero
vos tan permeable a la crítica
yo tan hincha pelotas
vos tan linda
yo tan preocupado por decirte cuánto
vos tan grácil
yo meto la pata siempre
vos tan importante esta noche
yo la fecha de aniversario con un novio que tuviste hace cuatro años
vos tan intrigante
yo tan desconocido
vos tan definitiva
yo tan convencido
vos tan grande
yo tan agrandado
vos tan liminar
yo siento el llamado de las cornisas para que me despeñe de una vez y para siempre
vos tan imposible
yo tan innecesario
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chicoverde
a la/s
1:54 p.m.
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martes, octubre 16, 2012
Andrea Capellanus not dead
como marca de distinción.
Quizás no fue la primera vez que
coincidieron dolor y belleza.
¿Habrá existido un amor verdadero
antes del olvido y del sacrificio?
¿Existirá alguna vez uno
que no sea sinónimo de renuncia?
¿Valdrá la pena formar ejércitos
construir fortalezas
escribir poemas
arrancar cabezas
por uno así?
despreciarán nuestro amor
lo considerarán bárbaro
terrible
esclavo
implacable?
¿Se preguntarán cómo la vida
podía girar en torno a ese delito?
¿Nos compadecerán
por estúpidos e ignorantes?
Nunca escuché conmovido
la historia de un enamorado
con el que no me sintiera identificado;
¿es el amor ese saber
que fuimos iguales
en el fracaso?
Una chica me dijo que no extraña a su amado
pero que a veces cierra los ojos
recuerda al amor
y siente volcanes dentro suyo.
Si el amor existe sólo como nostalgia
como recuerdo
los eruditos guardarán el amor
en un anaquel de la historia
y lo sacarán para hacer sentir mal a unos cuantos
por un rato
y lo volverán a guardar convencidos
de que los hombres del pasado
estábamos equivocados.
¿Cómo comunicarnos el placer en esta pérdida
el día que no quede un hombre
que ame así de errado?
Me arrancaría los cabellos
si eso garantizara
la vida de nuestro amor esclavista.
empecinarse en aguantar
perdonar lo imperdonable
contentarse con lo más pequeño
burlarse de los que saben
que somos idiotas
que insisten en que dejemos el amor para otros
que quizás alguno resuelva esto en algún momento
que hay experimentos prometedores
hay avances
en cualquier momento se acaba este amor de suicidas
pasado de moda
no vale la pena enroscarse
ya lo cambian
aguanten.
Pero ellos no aceptan la necedad
que hay en el amor
el saber que no hay que…
pero sí
imposible resistirse
imposible no jugarle otra ficha
al próximo dolor
al próximo abandono.
Si sólo fuera una cuestión del cuerpo
¡qué fácil!
diecinueve amores al mismo tiempo,
cualquier día.
Si sólo fuera una cuestión de besos
de compartir un gusto de helado
de saber dormir en la misma cama.
¡Hipócritas!
no se hacen cargo
del verdadero peso de haber amado
de conocer la tradicional e insidiosa insania
detrás de cada caricia
de saber que todo sería tan fácil si..
pero no
mejor joderse
con tal de amarse
con tal de mantener un rato más vivo
este traspié histórico
este exceso de cortesía
este bozal de chacales
esta mancha tan bella
en el desastre de lo humano.
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chicoverde
a la/s
12:37 a.m.
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jueves, octubre 04, 2012
Presentación de Una tortuga muerta llega a la Orilla de Playa Grande
http://aniosluz.com.ar/?page_id=160
http://www.facebook.com/events/141131702698689/
añosluz presenta
sus dos nuevos títulos:
"el pueblo le canta a sus familias disfuncionales", de Cristian De Nápoli
"una tortuga muerta llega a la orilla de Playa Grande", de Ezequiel Vila
con la participación de:
Error Positivo (música)
Verónica Noonan (expo)
viernes 5 de Octubre, 21 hs.
en casa (sic)
av. rivadavia al 8000 (dirección exacta por mensaje privado)
fiesta toda la noche!
+ info + descarga gratuita de los libros:
http://www.aniosluz.com.ar
(los interesados pueden comprar el libro en la fiesta a $20)
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chicoverde
a la/s
12:08 a.m.
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miércoles, octubre 03, 2012
La Vengadora en Filo
Siempre sosteniendo la mirada
contestó:
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chicoverde
a la/s
11:29 p.m.
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domingo, abril 01, 2012
Movimiento
cuánta belleza
los pibes juegan a la pelota
en la vereda de la cancha
y ahi va otra tendiendo sus castañas
por el sol de Arenales
no sé si serán las calles de Banfield
pero ellas cada vez más lindas
y yo más cansado
nomás las veo pasar desde el auto
con la ventanilla abierta
respirando los últimos calores del verano
desacelero apenas para unos suspiros
y a tratar de seguir mirando el camino
no pensar en la gringa que vi ayer en el colectivo
en esos ojos verde agua
en esos labios enhiestos
porque no hay otra palabra
enhiestos
en el vestido hinchado por las tetas amables
y unas gambas para calzarse dos italias
y yo que el viernes pasado caminaba
y me guardé un "rubia hermosa"
para una ciclista blonda
por erradas interpretaciones del feminismo
me pregunto:
¿sera el el exceso de deseo
o hace cuánto que no veo
una mujer preciosa
estando quieto?
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chicoverde
a la/s
5:04 p.m.
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miércoles, febrero 01, 2012
Una tortuga muerta llega a la orilla de Playa Grande
I
Caro me dice por chat
que Anto se cayó de una escalera
y quedó paralítica.
Así vuelve la muerte al tablero.
Ella no puede darme detalles
y me pide que no llame a la familia,
es un momento delicado.
Intento rastrear su actividad
por las redes sociales
y nada,
ni la madre,
ni el hermano,
ni ella,
nada.
Paso la siguiente hora
pensando como será la vida
con mi mejor amiga en silla de ruedas.
Pienso en el abrazo que no le di
cuando nos despedimos por última vez
antes de que vuele a Esquel.
Ya nunca lo va a sentir.
Comparto la noticia con mi viejo
y los dos nos miramos fijo
contagiándonos con los ojos el silencio,
pensando ahora los dos.
La bronca profunda que sentí
cuando me enteré un rato después
de que era una joda
solo se puede comparar con el alivio.
Igual la muerte
ya volvío al tablero.
II
Mi abuela Carmen falleció en su cama
en algún momento entre las 8
y las 10 de la mañana
del viernes 3 de enero
de 2012.
O al menos ahí un corazón dejó de latir.
Durante semanas le costó comer
y tenía alucinaciones,
estuvo unos días sin hablar
y hacía ocho años que tenía la enfermedad
de Alois Alzeimer.
Mi abuela Carmen tenía unas hojas
con cuentos míos
que le llevó mi papá.
Según él los leía,
no hay temporalidad posible
para describir cuán seguido
siendo siempre la primera vez.
Mi papá me dijo la noche del velorio
que el que más le gustaba
era ese que se llamaba "La mort".
Entendí que le debería llamar la atención
porque era un cuento cortísimo
y efectista
pero qué apropiado.
Cuando murió Jovita
no quise ver su cuerpo en el féretro;
casi nunca la conocí en vida a Jovita
aunque ahora tengo todos sus libros.
La vida decidió unirnos por la sangre,
el apellido y la biblioteca.
Los libros de Jovita
sin embargo
no tenían biblioteca.
Estaban empaquetados
en papel de diario
atados con cordel y apilados
en un altillo lleno de polvo.
Abrí cada uno de esos paquetes
medio como un nene en navidad
medio como imagino debe hacer
un ladrón de tumbas.
Sí elegí ver el cuerpo de mi abuela
tardé
tardé muchísimo.
Lo hice a las 3 de la mañana
cuando los pocos que quedaban dormían
en los sillones del salón.
Fueron nada más unos segundos.
Alcanzó.
La fuente de toda la hipocresía
está en este silencio:
¿cómo hacer para no pensar en que vamos a morir?
Dicen que la filosofía empezó
el día en que los griegos
tan esplendorosos
tan bellos
se dieron cuenta de que igual se estaban muriendo.
¿Cómo callar esta injusticia que es la mortalidad?
¿De qué revolución me pueden hablar
cuando estoy enfrente de un cajón?
Tantas remeras con el Che
¿quién me estampa a Prometeo o a Sísifo?
¿quién junta llaves para sus estatuas?
En la capilla siento impotencia
por no poder creer
¡creer aunque sea!
en ese lugar donde reencontrarse
y charlar de la vida anterior
como si fuera un partido en diferido.
Veo al cura en su sotana blanca
tan destinado a las sombras como yo
y lloro
no por el cajón que va hacia el fuego
sino por la injusticia
de que no haya afuera.
III
Una tortuga muerta
llega a la orilla de Playa Grande.
Fieles en malla
se hunden hasta el ombligo
para formar
el más salado de los cortejos fúnebres.
Va y viene
esa tortuga previa
con la marea
indecisa todavía de su entierro.
Se pierde tras las olas de nuevo.
Caminando por la arena dura
llegué a la playa donde finalmente
la lavó el mar.
Su craneo roto es obsceno
irresistible para sacarle fotos,
a ese animal imponente
teñido de blanco por la sal
parcialmente fosilizado
que se hizo visible ante los nadadores
como tributo de las olas,
a ese animal
ya no se le puede pedir nada.
Todos los turistas
la fotografiamos
con nuestras digitales
cuidadas hasta entonces de la arena
por sus fundas de cuerina.
Pero es imposible no notar
que todos respetamos la soledad
de la tortuga en el cuadro;
nadie quiere robarle cámara
a ese cuerpo inesperado,
echado sobre la arena mojada
grandioso
como un león en la sabana.
"Pobre tortuga"
me gustaría poder lamentarme
o al menos suspirar un poco
contra el viento
pero es fines de enero
y decido
que ya he pensado demasiado sobre la muerte.
Publicadas por
chicoverde
a la/s
3:35 a.m.
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