viernes, marzo 22, 2013

Tortugas ninja

Llegan las tortugas ninja
llegan las tortugas ninja
llegan las tortugas ninja
viven en los caños
son de newell's (ñuls)


Las tortugas ninja en realidad
(es decir,
aquellas que fueron la inspiración
para la popular franquicia
de muñecos articulados
comics
series
 y películas)
no eran ninjas
ni sabían arte marcial alguna;
pero peleadores, eran peleadores.

Su mote se debía
a una casual predilección
de sus benefactores
por los cuellos altos:
se habían acabado los sesenta
y en Rosario,
donde había pegado duro el existencialismo,
las poleras fueron objeto de caridad.

Vivían en las cloacas
porque eran crotos
y se peleaban con la policía,
ferozmente,
porque tenían huevos.

No salvaban parejas en peligro
ni rescataban niños asustados;
no eran celebrados,
nadie los buscaba,
pero eran vistos
como héroes
como héroes leprosos.

Ellos resistían
la enfermedad
la pobreza
la violencia
y era bastante como para reputarse.
Mutaron por la soledad,
pero en secreto se los quería.
Ellos resistían.
¡Cawabonga!

martes, marzo 19, 2013

Plaza Constitución

Bajo del tren y cruzo los ríos proletarios.
Tengo algo en la mano
que el hombre azul
no se digna a mirar:
su indiferencia de hoy
es mi fracaso de mañana.

En un papel y una mirada
está toda la apuesta de mi día.
Envidio la sagacidad de ese hombre
que sabe cuándo mirar
y cuándo no.
Yo no sé cuándo mirar.

En Constitución hay infinita gente
e imagino que también infinitos duelos.
Siempre bajo por las escaleras fijas
y subo por las mecánicas,
cada tanto se descomponen
y puedo ver su interior:
están repletas de basura.

 A fuerza de concentración
aprendí a encontrar las ratas abajo del andén.
Su paso es sutil pero rabioso;
imperceptible pese a hambriento;
convencido y subterráneo;
ellas salen, odian y se vuelven.
Supongo que nunca voy a poder
imitar ese paso del todo bien.

Pensar otras cosas es tentador
pero la realidad insiste en hacer covers monocordes
de sus peores deja vu,
por eso ignoro casi todo lo demás.
¿Qué tristeza podría tener la velocidad de esas ratas?
Sé que en Constitución hay gente ínfima
e imagino que también ínfimos duelos.

miércoles, febrero 20, 2013

Las penas de Darwin

desde la popa del Beagle
no puede despegar los ojos de la costa
tras las lágrimas los fuegos se transforman en manchas
y el silencio de los marinos que van y vienen taciturnos por cubierta
haciendo como que trabajan
es el abrazo que puede dar un amigo inglés

lo verás en el reflejo sobre cada borde del cuarzo
cortándo huesos te preguntarás que ha sido
te lo devolverán los sueños y te lo arrebatará la mañana
creerás verlo entre maoríes

acariciarás tu barba de por vida
pensando si había algo que pudiera convencer a Fitz Roy
de que no
que no
que no lo devuelva
o que te deje allí
entre los salvajes
que no es una locura
bajar también del bergantín
que dentro tuyo ha germinado una especie desconocida
que te has enamorado
como solo un naturalista puede enamorarse de un muchachito indio

"¡pobre, pobre hombre!"
queda atrás el eco del querido Jemmy Button
en los lejanos y fríos mares del sur
despediste el amor
y quedó solo la ciencia
con todas sus carencias

jueves, enero 31, 2013

Historia de dos viajeros

La amistad es esto:
Dos viajeros se cruzan
en el medio del desierto.
Quizás uno escapa del imperio
al que el otro viaja como peregrino.
En el medio de la nada se detienen
e intentan saludarse
en lenguas incomprensibles.
Uno de ellos
-no importa cuál-
saca una fruta
la parte en dos
y convida al otro.
Se miran a los ojos
y mastican en completo silencio.
Alternativamente miran cada horizonte.
Uno posa los ojos en el camino que dejó
el otro en su incierto destino.
Quien lo tenga
lanza el carozo al suelo
se sonríen
caminan
y nunca más se volverán a ver.

Hay un misterio que me obsesiona
en la frecuencia
con que los desconocidos se saludan
cuando no están en la ciudad.
Llevo kilómetros de caminata por la playa
-cuando empiezo a caminar por la playa
no puedo detenerme
camino siempre hacia el norte
y algo me hipnotiza
algo me llama
las ansias de ver
destrás del próximo espigón
o el vértigo de no volver jamás-
llevo kilómetros de caminata por la playa
cuando avisto a varios metros
a dos tipos que corren
en dirección contraria.
No puedo sacarles los ojos de encima
por la variación que ofrecen a la dulce monotonía
del oceáno rugiente y la humedad de la arena.
El primero,
un negro mota de casi dos metros,
me dice "hola".
"Buenas" contesto.
El de atrás, pelado,
levanta la cabeza
y devuelve el saludo.
Pienso que nunca más los voy a volver a ver.

A la noche me los encuentro en un bar.
Nos sentamos juntos
tomamos una birra.
Washington tiene una fábrica de soda
Luis es analista en sistemas.
Estoy convencido
desde hace un tiempo
de que si la gente tuviera siempre
una historia lista para contar
este sería un mundo
en el que yo viviría más cómodo.
Luis tiene una historia para contar.

Vivió dos años en un departamento
en Caballito.
Todas las tardes al volver
de su trabajo en microcentro
salía al balcón
a fumar un cigarrillo ritual
y mirar tranquilamente la ciudad
como un viejo hombre de mar
retirado
y apostado en un faro.
Pero este rito había mutado
en poco tiempo
por la espejada costumbre fumadora
de la vecina del departamento de enfrente.
Cada pitada de Luis
era una plegaria para que saliera ella también.
Durante dos años Luis vivió en ese balcón.
Asegura que jamás la vio en el supermercado
ni en la verdulería
ni el kiosko
ni en la farmacia.
Fueron diecinueve meses de contemplación silenciosa
hasta que ella se mudó.
Igual siguió siendo un fiel fumador de balcón,
incolumne sobre las mareas citadinas.
Pero una noche la encontró
como una aparición
en un after office.
Movido por fuerzas que desconoce
se sentó en su mesa
y confesó sus horas de vigilia.
Ella pensó que era un chiste al principio
pero al entender la seriedad en los ojos del otro
le dijo que nunca lo había visto.
 La tristeza de Luis, borracho,
habla de la ridiculez del deseo.
Nunca más la volvió a ver.

En el colegio había una chica
que se llamaba Edurne,
que solo por su nombre
merece estar en cualquier poema.
Todos los recreos
del invierno del 2003
los pasé tomando café dentro del curso
y mirando por la ventana
a esa chica pálida,
regordeta
de ojos celestísimos
y cabellos como hilos de oro.
Mi idiotez y la de Luis fue la misma:
querer llevar la palabra
ahí donde mandaban los ojos.
A fin de año en un baile,
embriagado de un coraje ajeno
me le acerqué
y le dije que era la persona más bella
que había visto
jamás,
que quería conocerla
que sería fantástico conocerla.
No había palabras
que esa chica pudiera decirme,
la incomodidad nos invadió rápidamente,
la formalidad prestó algunas de sus fórmulas
ella egresó
y jamás la volví a ver.

En algún lugar
dice Lacan
que ver
es ser visto.
Luis y yo sabemos cuánto se equivoco.

Dos rivales en una justa
se baten vistiendo los mismos colores:
mientras el silencio del pensamiento
nos hace presos de nosotros mismos,
la voz nos promete que su irrupción
hará que el mundo se arrodille a nuestros pies.
El deseo grita en las tribunas.
No sé si todo lo genuino es inesperado,
si la fuerza de lo real
reside esencialmente en su irrupción,
ni si la imaginación
parirá siempre ingenuidades.
Washington dijo
que está bien jugársela.



Epílogo:
vuelvo a Buenos Aires
vuelvo a mi casa
vuelvo a mi trabajo.
Busco a Edurne en Facebook.
No está.

jueves, diciembre 27, 2012

Las pibas del Wonderboy



¿Te acordás de las pibas del Wonderboy?
Todavía puedo verlas sentadas
en los banquitos de fierro
con sus shorts de jean
o cortísimas faldas negras
de flequillo y colita
levantando los hombros con cada salto.
Pensar que nos criamos viendolas
en sus dieciseis
tanto mayores
ya mujeres para nuestros ojos infantes
por un momento fuera del Sunset Riders
encontrandonos por primera vez
el fantasma que todavía perseguimos.

Qué lindas las pibas del Wonderboy
sus walkmans amarillos
alrededor del cuello cansado
de sostener la mandíbula
que masca un chicle eterno
que pasea un chupetín
que pita un cigarrillo esperando la próxima partida.
¿Te acordás de cómo se fumaba
en los fichines en los 90?
Si hasta las máquinas tenían ceniceros incrustrados
detrás de las palancas Atari de bocha roja.
Había cada antro en la estación de Lomas...
Mi mamá me llevaba a esos recintos brillantes
humeantes
repletos de metaleros adictos al Mortal Kombat
seguramente justos amantes
de las pibas del Wonderboy
que cada tanto les irían a manguear un Derby
y alguna ficha.

Nati era una piba del Wonderboy
pero anacrónica
tan producto del 2006 como yo
y al mismo tiempo tan tímida y espléndida
como sus antecesoras de 1995.
Me encantaba de Natalia su ternura
esa sencillez para todas las cosas
y la forma aguerrida en que sostenía los controles
cómo sus párpados se cerraban tensos
sobre el tubo de la máquina.

Las pibas del Wonderboy eran implacables
un canto a la dedicación
siguiendo el hipnótico ritmo de sus golpeteos
la botonera aullaba de placer
por la precisión de sus pulsaciones
y todos se pasmaban por la exactitud
con que mandaban a ese pibe rubio,
con el dominio sobre esa isla de cobras y murciélagos,
y suspiraban pensando en cómo invitarle una Coca.

Si acaso una roca incalculable
atropellaba sus patinetas
¡qué puteadas súbitas
de esos labios otrora pudorosos!
¡Qué bramidos barbáricos
al decapitar a aquel gigante reincidente!
Esa pasión jamás podría encontrarse
en las calculadoras amantes del Tetris
o del Puzzle Bubble.

La adrenalina de una piba del Wonderboy
no se iguala con nada.
El encanto, la fascinación
que me producían esas jóvenes determinadas
rítmicas hasta para los secretos,
capaces pararse en un abismo,
golpear y encontrar una vida extra
¡qué barbaridad!
¡quién pudiera frenarse, largar un martillazo y tener otra vida!

¿A dónde se fueron las pibas del Wonderboy?
¿Hoy son telemarketers?
¿Kioskeras?
¿Se niegan a jugar a la Wii?
¿Han procreado hijas de flequillo
medio isleñas
medio metaleras
que calzan plataformas?
¿Veranean en Mar del Plata
y suspiran al pasar por las incolumnes máquinas
que desde principios de los 90s
iluminan la Feliz?

Qué terrible las pibas del Wonderboy
¿dónde fueron
qué ha pasado
qué hicimos
con las mujeres que sabían jugar así?

lunes, diciembre 17, 2012

Canción de Mêlée Island

En Mêlée Island hay un bar,
sirven grog
y nada más.
Hay corsarios y bandidos,
una rata
con tres tipos.
Hay una bruja, está medio mal,
agarra el pollo
lo vas a apreciar.
También un troll en un puente,
para pasar
dale un arenque.
Nunca dejes de visitar
el circo, el faro,
la tienda de Stan.
En el uso de la espada
te pueden
entrenar.
"Yo soy goma, tú eres cola",
vas a cansarte
de escuchar.

En Mêlée Island hay muchas.. cosas para mirar
que todos quieren algún día... ¡tocar!

En Mêlée Island anda un gordo,
vende mapas,
tiene un loro.
Hay caniches, son feroces,
con la carne
dales flores.
Mira ese muelle sobre la costa:
bajo el agua
hay cosas filosas.
Tienen un ídolo misterioso
y enterrado
un tesoro.
Si te metes en problemas
dentro de
la ciudad
ten cuidado con el sheriff,
te lo digo,
es Le Chuck.

En Mêlée Island hay muchas.. cosas para apreciar
que todos quieren algún día... ¡robar!

En Mêlée Island vive un pelado
tiene dos garfios,
está asustado.
Hay un túnel en la piedra,
que nadie sabe
como se entra.
Una selva muy tupida
seguilo al viejo,
es como un guía.
Hay tres pruebas
para hacer
si un pirata quieres ser.
Una lengua afilada
daña más
que cualquier espada.
Pero el mejor espadachín
lleva en la boca...
cerveza de raíz.

En Mêlée Island hay tantas.. cosas para olvidar
que todos quieren algún día... ¡regresar!

miércoles, diciembre 12, 2012

Tantos

vos tan dulce
                      yo tan diet

vos tan joven
                      yo tan pelado

vos tan filosa
                      yo tan rústico

vos tan gritona
                      yo tan quemagorra

vos tan armónica
                        yo con tan poca métrica

vos tan fuera de serie
                                  yo tan artesanal

vos tan arisca
                      yo más regalado que un señalador en la feria del libro

vos tan tímida
                     yo tan pesado

vos tan tranquila
                       yo tan ansioso como para escribir poemas a las 3 am

vos tan lobby
                      yo tan pasillo

vos tan fresca
                    yo tan plagio

vos tan lejos
                   yo acá a unas cuadras

vos tan inoportuna
                          yo llamé varias veces antes de venir

vos tan especial
                         yo tan grato

vos tan cansada
                         yo tan abúlico

vos tan Rio
                       yo tan Tokio

vos tan cool, tan trendie, tan indie
                                                    yo tengo remeras de cuando tenía doce

vos tan celeste
                         yo tan verde de envidia

vos tan pilas
                     yo tan mecánico

vos tan brillante
                        yo tan opacado por vos que sos tan brillante

vos tan parcial
                      yo tan fácil de convencer

vos tan troska
                      yo tan resignado al peronismo


vos tan reticente a hablar de las cosas
                                       yo te cuento en este poema que ayer atropellé a un motociclista

vos tan barca
                             yo tan remo

vos tan histérica
                                              yo también

vos tan cobarde
                                              yo también

vos tan condenada al olvido
                                             yo también

vos tan apática
                         yo tan cassettero

vos tan permeable a la crítica
                                             yo tan hincha pelotas

vos tan linda
                        yo tan preocupado por decirte cuánto

vos tan grácil
                      yo meto la pata siempre

vos tan importante esta noche
                                              yo la fecha de aniversario con un novio que tuviste hace cuatro años

vos tan intrigante
                                   yo tan desconocido

vos tan definitiva
                              yo tan convencido

vos tan grande
                          yo tan agrandado

vos tan liminar
                         yo siento el llamado de las cornisas para que me despeñe de una vez y para siempre

vos tan imposible
                      yo tan innecesario

martes, octubre 16, 2012

Andrea Capellanus not dead



Dicen que el amor
se inventó en el medioevo
como marca de distinción.
El caballero robusto
en su pesada armadura
deja por un segundo su espada
manchada de sangre de la punta a la empuñadura
y se arroja al suelo a llorar por la dama
a la que llama su Señora
a la que así convierte en su dueña.
Quizás no fue la primera vez que
coincidieron dolor y belleza.
¿Habrá existido un amor verdadero
antes del olvido y del sacrificio?
¿Existirá alguna vez uno
que no sea sinónimo de renuncia?
¿Valdrá la pena formar ejércitos
construir fortalezas
escribir poemas
arrancar cabezas
traicionar
morir
por uno así?

¿Los hombres del futuro
despreciarán nuestro amor
lo considerarán bárbaro
terrible
esclavo
implacable?
¿Se preguntarán cómo la vida
podía girar en torno a ese delito?
¿Nos compadecerán
por estúpidos e ignorantes?
Nunca escuché conmovido
la historia de un enamorado
con el que no me sintiera identificado;
¿es el amor ese saber
que fuimos iguales
en el fracaso?
Una chica me dijo que no extraña a su amado
pero que a veces cierra los ojos
recuerda al amor
y siente volcanes dentro suyo.
Si el amor existe sólo como nostalgia
como recuerdo
los eruditos guardarán el amor
en un anaquel de la historia
y lo sacarán para hacer sentir mal a unos cuantos
por un rato
y lo volverán a guardar convencidos
de que los hombres del pasado
estábamos equivocados.
¿Cómo comunicarnos el placer en esta pérdida
el día que no quede un hombre
que ame así de errado?
Me arrancaría los cabellos
tras la vitrina de un museo
si eso garantizara
la vida de nuestro amor esclavista.

Amar es equivocarse todos los días
empecinarse en aguantar
perdonar lo imperdonable
contentarse con lo más pequeño
burlarse de los que saben
que somos idiotas
que insisten en que dejemos el amor para otros
que quizás alguno resuelva esto en algún momento
que hay experimentos prometedores
hay avances
en cualquier momento se acaba este amor de suicidas
pasado de moda
no vale la pena enroscarse
ya lo cambian
aguanten.
Pero ellos no aceptan la necedad
que hay en el amor
el saber que no hay que…
pero sí
imposible resistirse
imposible no jugarle otra ficha
al próximo dolor
al próximo abandono.

Si sólo fuera una cuestión del cuerpo
¡qué fácil!
diecinueve amores al mismo tiempo,
cualquier día.
Si sólo fuera una cuestión de besos
de compartir un gusto de helado
de saber dormir en la misma cama.
¡Hipócritas!
no se hacen cargo
del verdadero peso de haber amado
de conocer la tradicional e insidiosa insania
detrás de cada caricia
de saber que todo sería tan fácil si..
pero no
mejor joderse
con tal de amarse
con tal de mantener un rato más vivo
este traspié histórico
este exceso de cortesía
este bozal de chacales
esta mancha tan bella
en el desastre de lo humano.

http://chicoverde.blogspot.com.ar/2010/11/un-error.html

jueves, octubre 04, 2012

Presentación de Una tortuga muerta llega a la Orilla de Playa Grande






http://aniosluz.com.ar/?page_id=160
http://www.facebook.com/events/141131702698689/


añosluz presenta
sus dos nuevos títulos:

"el pueblo le canta a sus familias disfuncionales", de Cristian De Nápoli

"una tortuga muerta llega a la orilla de Playa Grande", de Ezequiel Vila

con la participación de:
Error Positivo (música)
Verónica Noonan (expo)


viernes 5 de Octubre, 21 hs.
en casa (sic)
av. rivadavia al 8000 (dirección exacta por mensaje privado)

fiesta toda la noche!



+ info + descarga gratuita de los libros:
http://www.aniosluz.com.ar


(los interesados pueden comprar el libro en la fiesta a $20)


miércoles, octubre 03, 2012

La Vengadora en Filo

Era uno de esos teóricos somnolientos 
de la primera mitad del año
cuando todavía hace calor
y sólo dibujás en el cuaderno
o fichás compañeras.
Bocetaba el rodete
de la que tenía sentada enfrente;
le copiaba sin pudor
las curvas de los hombros.
Había vuelto a la facu
después de  un cuatri afuera
y todo parecía igual
hasta que entraron los militantes enmascarados.

“Buenas tardes compañeros,
disculpen, los interrumpimos
es un segundo nada más,
somos de La Vengadora en Filo.”
dijo un pibe que llevaba una remera
con una estrella
y una máscara de Batman
a la que le habían cortado las orejas.
Entró con él una chica con un antifaz
y un pañuelo sobre la nariz
que empezó a repartir volantes.
Mis compañeros estaban impasibles,
se los veía más molestos que sorprendidos,
resoplaban, miraban sus apuntes, anotaban algo.
La profesora los había dejado pasar,
simplemente pidió que fueran breves.
Nadie se estaba riendo.
El chico gesticulaba y vociferaba,
se notaba su experiencia en pasadas;
pero apenas escuché lo que comentó,
tan aturdido estuve esos minutos.
Creo que le escuché decir
“Puan merece ser salvada”
para cerrar su discurso.

Le pedí a un amigo
de los que se la pasan en el patio
que me contara todo lo que supiera
sobre la agrupación.
Unos decían que la pelotudez
empezó por imitar la genki dama
de los estudiantes chilenos,
pero según mi amigo el disparador
fue taparse la cara en una manifestación
para cubrirse de los gases de la represión
y para esconderse de los servicios de inteligencia.
“Un día uno de estos tipos,
uno medio loco, un boludito,
vino con la máscara a la facu
y empezó a pegar carteles”
-me contó mi amigo.
“Al principio pensamos que era un podri
o alguien trolleando a las agrupaciones,
pero de repente eran seis o siete,
no se sabe si del PO, si de la Mella,
si independientes”.
Mi amigo hablaba
con aires de confidencialidad,
yo le pregunté qué hacían
estos pibes en la facultad.
“Algunos los consideraban un chiste
-me explico mi amigo-
hasta su gran golpe:
se infiltraron en una reunión del decanato,
una rosca con una guita,
y filmaron la camarilla.
Subieron todo a Youtube
¿en serio no sabías?”.
Eran héroes, supuse.
Pero algo no cerraba.

A las semanas entendí todo:
las agrupaciones los odiaban
por banalizar la lucha
las autoridades los odiaban
por ser sus archienemigos
los profesores los odiaban
por niñatos y ruidosos
los estudiantes los odiaban
fastidiados
e incluso por ser también víctimas:
parece que una vez
habían entrado a un curso
y marcado a una piba
que había dejado al novio
por el mejor amigo;
así de amplia
se volvió su idea de la justicia.

Estudiando juntos
un compañero militante cuestionó
su propia existencia como agrupación:
sin duda eran combativos,
participaban de la Asamblea
y de las comisiones de base,
pero a elecciones no querían presentarse
ni nadie sabía bien cómo unírseles.
Le confesé mi desconocimiento
sobre esas instancias
pero le pregunté
si le parecía que usarían fuerza letal
o eran tipo Batman.
Me contestó:
“¿Vos sos pelotudo?
Tan locos no están.”
“¿Pero si pintan los fierros?”
le retruqué.
“¿Cómo en los setenta?”
se quedó pensando
y riéndose me dijo
que capaz
capaz serían de los primeros.

Finalmente yo también me acostumbré
a su presencia en la facultad,
me volví otro testigo desapasionado
de su locura grandilocuente.
Cursé un práctico con un pibe
que físicamente era igual a la Llama,
uno que usaba un gorro coya
y unos anteojos de sol para cubrirse.
Sin embargo nunca se lo insinué,
más por embole
que por respeto.

Meses después fui a una asamblea
a votar en contra de una toma.
Llegué tarde porque
cualquiera que haya ido a alguna
sabe que se vota a cualquier hora.
Cuando entré al aula
era orador el que llamaban
Compañero oscuro:
en el estrado se lucía
su cara transpirada
detrás del pasamontañas,
su capa azabache flameando,
los guantes de cuero duro
apretando el micrófono.
Lo abucheaban.
Casi no le quedaba voz,
abajo sus compañeros superhéroes
callaban con el rostro duro
y los brazos cruzados.
El salón ardía en insultos
y cantos:

Den la cara
den la cara
nos cansamos
de tanta payasada.

Tras unos segundos sin que lo dejaran
retomar la palabra
el Compañero oscuro
dejó el micrófono en la mesa
y resoplando bajó,
hizo un gesto a sus amigos
y todos se retiraron,
despedidos por los chiflidos.

No sé bien por qué los seguí,
asumí que iban a algún lugar a comer
o que mínimo se juntarían
a discutir en la esquina,
pero se fueron separando.
Cada uno se marchó por su lado,
hasta que me di cuenta
de que estaba persiguiendo
únicamente
al Batman sin orejas.
Entendí que no sabía lo que hacía,
estaba por regresar
cuando el enmascarado
se detuvo repentinamente,
volteó y me miró fijo.
Se acercó y me dijo:
“Esto nunca fue un juego para nosotros.
El mundo siempre nos da razones
para creer en los superhéroes”.
Con la voz quebradiza le pregunté
si ya nunca los íbamos a ver.
Siempre sosteniendo la mirada
contestó:
“Capaz que a nosotros no”
y me dio un papel,
uno de sus volantes,
pero que tenía escrito atrás,
en tinta roja,
una dirección.
Cuando levanté la vista
había desaparecido en la noche.