domingo, abril 09, 2006

Discapacitados

Un texto viejo.



Rafael caminaba la calle como no pocos podían hacerlo a diario, pero sin duda tampoco eran muchos ya que su conducta en las aceras llamaba la atención no se sabía bien porqué. Es decir, caminaba como cualquiera, pero si te lo cruzabas por Laprida e ibas chino te dabas cuenta que era Rafael por como flotaban esas suelas largas sobre las baldosas milimetradas de la principal lomense. Las pocas veces que lo vi en su casa andaba como cualquier hijo de vecino, en boxer y con las patas sueltas, pero por la calle todo el mundo lo notaba. No es que estirara las piernas ni que moviera brazo y pie derecho juntos, o arrastrara un zapato atrás del otro, nada que ver. Caminaba igual pero diferente. Por un tiempo pensé que era mi impresión únicamente, hasta que le pregunté a los demás y completando con una improvisada encuesta callejera ratificamos lo supuesto: sí, efectivamente, caminaba diferente pero igual. Dos de los chicos lo adjudicaban a su cara de boludazo. Las chicas lo referían a su físico lungo.

Para mí no era nada de eso, aunque fuera flaquísimo, midiera un metro noventa y la cara de salame no se podía negar. Lo de la encuesta había sido necesario porque todos nosotros eramos un cuelgue con patas y teniamos un sentido de la realidad que venía mal de fábrica, que nos encargamos de abollar con el porro y de potenciar con la junta. Rafa era el sanito del grupo, el que no caía en absurdos paroxismos de sus patologías para llamar la atención. Por eso me obsesionaba ese detalle, el normal era el más honesto en su rareza. ¿Qué hacía? ¿Jugaba con los caminos? ¿Saltaba baldosas disimuladamente? ¿Rompía inocente el ritmo de su caminata con un paso en falso? ¿Era víctima de una impredecible treta de sus pieses? ¿O era cómplice? Yo era un mar de enfermedades de ese estilo por esa época y admito que lo invité a tomar más de una cerveza sólo para llegar más temprano que él y observarlo minuciosamente cruzar Boedo, tratando de descubrir un desliz, una anomalía. En vano, su andar era un puntillismo, individualmente eran pasos, a la distancia era una obra de arte. Sólo se podía mirar la imagen de lejos y sentir ese no se qué del que dependemos cada vez más para designar. Y en eso pensaba mientras llegaba y se iba el mozo, volvía con la botella y se volvía a ir dejando sin cambio por darle propina y cargando con las palabras de Rafa a las cuales respondía pobremente, turbado como estaba.

Como todas mis neurosis se me fue pasando lo de mi amigo y poco a poco lo volví a ver como una persona normal que caminaba especial, pero común. Con el asunto del traslado lo dejé de ver y esa cuestión motriz quedó estática por un tiempo largo, y bien plantadita como estaba en la fértil tierra de mi inconciente hoy la vengo a encontrar. No sé si es porque a la distancia los puntos hacen la imagen, pero a diez años de no saber nada de él resolví el misterio: a Rafa le faltaban las piernas. A nosotros, al parecer, todo lo demás.


06-06-05

5 comentarios:

Almendra dijo...

El otro día, leí un poco de tu blog y quize firmarte algo, pero pensé que iba a pecar de atrevida y no lo hize.
Ahora me firmaste vos, bienvenido y te respondo, es el puente de Rawson, mas que puente es una "pasarela", para cortar camino y no caminar por la ruta.
Es muy linda...Y tu blog es muy genial, Ezequiel pero en verde.

Almendra dijo...

:D Si, coincido con tu firmita.
Y te agrego a mis links también, para tener tu blog un poco más a mano.
Un beso!

Arbusto dijo...

Zql me puso esa chica, Lorena. Juro que todo esto es casualidad. O soy un psicopáta que tiene todo esto planeado. Bueno, no se.

Arbusto dijo...

Vine a pasar unos dias con amigos (a los que, de paso te digo, les gusta mucho lo que escribís). Fueron unos pocos dias, y mañana ya me vuelvo. Cuando venga con mas tiempo, lo contacto, zql.

lafotocosa dijo...

Contestando un cumplido:

Yo creo, tambien, que no hay mejor cumplido que ese. Mariano Torres dijo algo parecido, y me olvidé de decirle que pensaba igual.
Y tambien es importante que el elogio venga de parte tuya, Ezequiel verde. A los componentes de esta fotocosa (y sus amigos) les gustan mucho tus escritos.

El otro Ezequiel