jueves, febrero 02, 2017

Tropo del mensajero ejecutado

¡Me fascinan las historias en las que un emisario lleva a una nación extranjera un mensaje que dice que al llegar lo maten de inmediato! Es un tropo tan hermoso que aparece en Hamlet. Si yo fuera rey y recibiera un mensaje de ese estilo, me excitaría tanto que no cabria en mi trono del júbilo, pero rápidamente lamentaría no haber eliminado a alguno de mis enemigos con esa metodología tan falible como elegante. De todas formas los celos no me llevarían a incumplir con la obligación homicida porque soy un hombre honrado. Sí me volvería loco por ejecutar una venganza así más adelante. Lo haría ahora, pero la verdad es que tengo pocos enemigos porque administro el Estado con mucha sabiduría y el reino es bastante próspero y pacífico. Más razón, quizás, para permitirme satisfacer mi capricho de aniquilar a un adversario de la forma que a mí me plazca. Pero eso también es parte de ser honrado y sabio, no dejarse llevar por los vicios. O quizás soy un necio. Quizás en este mismo momento un grupo de rebeldes confabula contra mí desde su guarida en las montañas, pero si es un grupo y no un individuo, y (sobre todo) si es un golpe en mi contra lo que fraguan, estaría obligado a realizar un ajusticiamiento público que funcione como punición ejemplar disuasora de posibles revoluciones futuras. Solamente podría asesinar así a enemigos íntimos obtenidos en las inesquivables intrigas palaciegas. Hamlet era sobrino de su tío. Pero yo quiero mucho a mi familia. Y ellos no conspiraría contra mí. O quizás esta ingenuidad sea mi ruina, ¡es tan difícil estar seguro de lo que se sabe de los demás! Pero si es así, prefiero morir en mi adornado salón antes que gobernar una patria de parricidas.

Cruzar la calle

Un nene va a cruzar la calle pero antes de hacerlo se detiene porque tiene la súbita sensación de que si lo hace ya no podrá volver por muchos años, entonces decide regresar a su casa. Pero ya es tarde porque al cruzar la puerta tiene 50 años y en la entrada se cruza con el médico que vino a atender a su madre en el lecho de muerte. Ya no puede despedirla porque acaba de morir. Sus hermanos lo miran con reprobación y furia, aunque en realidad dirigen de manera esperable aunque injusta la frustración de acabar de ver morir a su madre. Algunos piensan que su muerte es culpa del hermano que se fue y nunca volvió, otros piensan que no es su responsabilidad aunque ciertamente la desaparición de uno de sus hijos debe haberla afectado y uno de los hermanos, que es ateo y muy racional, insiste en que no tiene nada que ver. El recién llegado está tan desconsolado como cansado por el viaje así que en vez de tomar posición decide no pelear con sus hermanos en este momento. Se va a dormir y a la mañana siguiente despierta en su lecho de muerte. Débil, intenta balbucear sus últimas palabras pero el aliento no le alcanza. Su sobrino le cierra los oos y se prepara para ir a trabajar.

Discípulo iluminado

El maestro le ordena al discípulo que deje de usar el celular, que así nunca va a alcanzar la iluminación, pero el alumno está viendo un tutorial sobre eso mismo y mientras el maestro lo reprende, empieza a elevarse y flota en plena armonía ante la mirada atónita del maestro y los otros iniciados. Ahora los otros discípulos lo adoran a él y olvidan al viejo maestro, aprenden sus técnicas, remodelan el monasterio, y consiguen que todos floten a una distancia impresionante y al cabo de unos meses la velocidad en que los nuevos iniciados comienzan a elevarse es cada vez más rápida y están todos tan por encima de la tierra que ya no les sirve de nada el templo y hasta la montaña les queda bajita así que se elevan hasta perderse de vista y ahí el viejo maestro puede volver al templo y seguir iniciando jóvenes deseosos de iluminación por los años que le queden.

El perseguido

Un hombre anda por un camino y siente que lo persiguen. Se da vuelta y no hay nadie. Al rato se da vuelta de nuevo y tampoco. Por tercera vez voltea, y nada. ¡Ah! Pensaron que como era la tercera iba a aparecer algo? No, en esta historia recién ve algo cuando mira para atrás la cuarta vez. Ahí descubre a un hombre recio y de aspecto aterrador. En luigar de tratar de huir, como haría cualquiera que se sintiera perseguido y viera confirmados sus temores, este se queda parado y espera que el otro lo alcance. Cuando llega le pregunta por qué lo persigue y el otro le contesta que lo persigue para matarlo. El hombre pregunta amargado por qué y el otro no le contesta. "¿Es por mi dinero malhabido?" pregunta y el otro dice débilmente que sí. "¿Es porque fui infiel a mi esposa?". El otro asiente. "¿Es por haber traicionado a mis amigos?". "Por todo eso y más" contesta el tipo misterioso. El hombre baja la cabeza lamentándose unos segundos hasta que se le ocurre preguntar algo más: "¿Así se muere todo el mundo?". "No", le dice la figura extraña, "esta muerte solamente te toca a vos". El hombre pregunta por qué le tocó a él pero el asesino no contesta, vacila, murmura algo incomprensible y le termina diciendo que si le explica bien se va a amargar. El hombre insiste pero ya no hay tiempo así que el otro le clava un puñal sin decir nada más y se lo lleva arrastrando lo que queda del camino.

Ladridos

Hay verdades tan ciertas que no pueden ser oídas, ni pueden ser dichas, ni tampoco formuladas y cuando uno llega a alinearlas de casualidad, revienta. Por eso el sabio las envolvía en historias.
Una decía lo siguiente: una señora tenía un perro que le ladraba a los autos. Para que no haga ruido, la señora se mudó de la ciudad a la playa, pero una vez en la playa el perro le empezó a ladrar a los cangrejos. Ya que los ladridos persistían, la mujer resolvió volver a la ciudad porque vivir allí era más conveniente en otros aspectos. Pero la cosa se puso peorporque el perro ahora ladraba no solo a los autos sino también a las bolsas, a la ropa tendida, a los carteles, a la televisión, a su propia sombra. En definitiva, parecía que el perro ladraba, y listo. Y así hizo hasta quedarse afónico y entonces ladraba con un sonido quebradizo tristísimo que daba lástima pero también risa y eso era lo más incómodo de todo: sentir lástima del pobre perro y a la vez no poder contener la risa. Eso era peor que todos los años de ladridos ininterrumpidos.

Una de metamorfosis

Un viejo piadoso que toda su vida quiso ser un ave consigue finalmente que su deseo sea concedido. Levanta vuelo y experimenta la felicidad más pura; pero enseguida se da cuenta de que debe alimentarse a base de instectos y la idea no le agrada. Ve a los bichos y su nuevo apetito de pájaro le hace desearlos, pero sus viejos reflejos humanos lo contienen. Cuando supera el asco y empieza a hacerse a la idea de comerlos, se da cuenta de que siente lástima por los insectos, porque ahora que es pájaro resiente la facilidad con que los hombres depredan a los animales y también entiende que está mal que los animales se coman entre sí. ¡Cómo no pensó nunca de esa manera acerca de las aves y los insectos! Vive angustiado, aunque poco tiempo.

La aniquilación de los dragones orientales

La existencia de los dragones orientales depende de la continuidad en el mundo de una serie de objetos que alternan secuencialmente por azar. La vida de los dragones le fue confiada alguna vez a una caña de bambú, a la garra de un oso, al mango de una espada, a un jarrón de cerámica, a los bigotes de un sabio. Nadie sabe cuándo cambia el objeto que las resguarda pero un ojo bien entrenado puede reconocerlo cuando lo ve. Un día, un hombre descuidado se acuesta en la playa sobre su mochila y rompe sus lentes de sol fabricados en Taiwan. Todos los dragones mueren en sus palacios de piedra y oro.

Bola de ceniza

Un fumador arroja un trozo de ceniza de su cigarro a la arena y se hace una bolita que rueda por la playa empujada por el viento. Con cada giro se va haciendo más pequeña y sube los médanos hasta alcanzar cierta altura y desaparecer para el ojo humano. Es una anti bola de nieve. Aunque no tenemos forma de saber si alguna partícula infinitamente reductible sigue subiendo, más allá de los médanos incluso.

Variaciones sobre el amor IV

Un tipo tira un frisbi contra el viento, que lo devuelve suavemente a su mano. Ni bien lo arroja, la mano tendida deja en claro cuán ansioso está por su regreso a la vez que goza por dejarlo volar y saber que volverá. En esa distancia, en ese lapso, lo ama. El viento también lo ama, por eso le devuelve el frisbi.

Variaciones sobre el amor III

Toda historia de amor es la historia de una pérdida y una posterior recuperación. Dos jóvenes se enamoran, consuman, se sienten mejor, se sienten mejores y más vivos que antes, se entusiasman, se acostumbran. Después de un tiempo se pelean por algo que no es importante y se terminan separando. Estando ausentes el uno del otro, comprenden que este nuevo estado es menos deseable que el anterior. Razonan, negocian, necesitan volver a estar juntos. Así lo hacen. Habían olvidado la importancia de la conformidad y con mucha sensatez la han recordado.