Un hombre anda por un camino y siente que lo persiguen. Se da vuelta y no hay nadie. Al rato se da vuelta de nuevo y tampoco. Por tercera vez voltea, y nada. ¡Ah! Pensaron que como era la tercera iba a aparecer algo? No, en esta historia recién ve algo cuando mira para atrás la cuarta vez. Ahí descubre a un hombre recio y de aspecto aterrador. En luigar de tratar de huir, como haría cualquiera que se sintiera perseguido y viera confirmados sus temores, este se queda parado y espera que el otro lo alcance. Cuando llega le pregunta por qué lo persigue y el otro le contesta que lo persigue para matarlo. El hombre pregunta amargado por qué y el otro no le contesta. "¿Es por mi dinero malhabido?" pregunta y el otro dice débilmente que sí. "¿Es porque fui infiel a mi esposa?". El otro asiente. "¿Es por haber traicionado a mis amigos?". "Por todo eso y más" contesta el tipo misterioso. El hombre baja la cabeza lamentándose unos segundos hasta que se le ocurre preguntar algo más: "¿Así se muere todo el mundo?". "No", le dice la figura extraña, "esta muerte solamente te toca a vos". El hombre pregunta por qué le tocó a él pero el asesino no contesta, vacila, murmura algo incomprensible y le termina diciendo que si le explica bien se va a amargar. El hombre insiste pero ya no hay tiempo así que el otro le clava un puñal sin decir nada más y se lo lleva arrastrando lo que queda del camino.
jueves, febrero 02, 2017
Ladridos
Hay verdades tan ciertas que no pueden ser oídas, ni pueden ser dichas, ni tampoco formuladas y cuando uno llega a alinearlas de casualidad, revienta. Por eso el sabio las envolvía en historias.
Una decía lo siguiente: una señora tenía un perro que le ladraba a los autos. Para que no haga ruido, la señora se mudó de la ciudad a la playa, pero una vez en la playa el perro le empezó a ladrar a los cangrejos. Ya que los ladridos persistían, la mujer resolvió volver a la ciudad porque vivir allí era más conveniente en otros aspectos. Pero la cosa se puso peorporque el perro ahora ladraba no solo a los autos sino también a las bolsas, a la ropa tendida, a los carteles, a la televisión, a su propia sombra. En definitiva, parecía que el perro ladraba, y listo. Y así hizo hasta quedarse afónico y entonces ladraba con un sonido quebradizo tristísimo que daba lástima pero también risa y eso era lo más incómodo de todo: sentir lástima del pobre perro y a la vez no poder contener la risa. Eso era peor que todos los años de ladridos ininterrumpidos.
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Una de metamorfosis
Un viejo piadoso que toda su vida quiso ser un ave consigue finalmente que su deseo sea concedido. Levanta vuelo y experimenta la felicidad más pura; pero enseguida se da cuenta de que debe alimentarse a base de instectos y la idea no le agrada. Ve a los bichos y su nuevo apetito de pájaro le hace desearlos, pero sus viejos reflejos humanos lo contienen. Cuando supera el asco y empieza a hacerse a la idea de comerlos, se da cuenta de que siente lástima por los insectos, porque ahora que es pájaro resiente la facilidad con que los hombres depredan a los animales y también entiende que está mal que los animales se coman entre sí. ¡Cómo no pensó nunca de esa manera acerca de las aves y los insectos! Vive angustiado, aunque poco tiempo.
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La aniquilación de los dragones orientales
La existencia de los dragones orientales depende de la continuidad en el mundo de una serie de objetos que alternan secuencialmente por azar. La vida de los dragones le fue confiada alguna vez a una caña de bambú, a la garra de un oso, al mango de una espada, a un jarrón de cerámica, a los bigotes de un sabio. Nadie sabe cuándo cambia el objeto que las resguarda pero un ojo bien entrenado puede reconocerlo cuando lo ve. Un día, un hombre descuidado se acuesta en la playa sobre su mochila y rompe sus lentes de sol fabricados en Taiwan. Todos los dragones mueren en sus palacios de piedra y oro.
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12:52 a.m.
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Bola de ceniza
Un fumador arroja un trozo de ceniza de su cigarro a la arena y se hace una bolita que rueda por la playa empujada por el viento. Con cada giro se va haciendo más pequeña y sube los médanos hasta alcanzar cierta altura y desaparecer para el ojo humano. Es una anti bola de nieve. Aunque no tenemos forma de saber si alguna partícula infinitamente reductible sigue subiendo, más allá de los médanos incluso.
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Variaciones sobre el amor IV
Un tipo tira un frisbi contra el viento, que lo devuelve suavemente a su mano. Ni bien lo arroja, la mano tendida deja en claro cuán ansioso está por su regreso a la vez que goza por dejarlo volar y saber que volverá. En esa distancia, en ese lapso, lo ama. El viento también lo ama, por eso le devuelve el frisbi.
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Variaciones sobre el amor III
Toda historia de amor es la historia de una pérdida y una posterior recuperación. Dos jóvenes se enamoran, consuman, se sienten mejor, se sienten mejores y más vivos que antes, se entusiasman, se acostumbran. Después de un tiempo se pelean por algo que no es importante y se terminan separando. Estando ausentes el uno del otro, comprenden que este nuevo estado es menos deseable que el anterior. Razonan, negocian, necesitan volver a estar juntos. Así lo hacen. Habían olvidado la importancia de la conformidad y con mucha sensatez la han recordado.
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Variaciones sobre el amor II
No toda historia de amor es una historia de sacrificio. Un hombre descubre que está enamorado y que lo ha estado desde hace tiempo. Al cobrar consciencia de este acontecimiento y su magnitud en medio de una vida sin sobresaltos, se siente por primera vez genuinamente dichoso. Rápidamente mejora en todos los aspectos: deja de fumar, se ejercita, desempeña su trabajo con energía y creatividad, experimenta y se alimenta de su felicidad. Convive con su amada pero sostiene su identidad. No cede a los esporádicos caprichos de ella ni se deja atormentar por los celos, el miedo a perderla u otras ideas tontas. Todas sus decisiones son las correctas, al punto que los demás acuden a él frecuentemente para pedirle consejos. Él responde que el secreto es obrar no con prudencia sino con convicción. Se vuelve tan iluminado que pierde conexión con el resto del mundo, incluída su amada, que lo deja por alguien menos perfecto. Él le resta importancia a este accidente y continúa amando de forma impoluta. Ahora es incluso más sencillo.
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Variaciones sobre el amor I
Toda historia de amor es una historia de sacrificio. Un hombre se enamora y deja su trabajo, su familia, su casa, sus costumbres, por su amada. Ha perdido su comodidad, entonces todo lo otro lo va dejando por añadidura. Pero no tarda en acostumbrarse también a eso, entonces arroja al fuego también sus opiniones, su corte de pelo, sus anhelos. Está tan consagrado al amor que lo invade que deja a su amada, se retira de la ciudad, viaja, gasta todo su dinero, se vuelve un pordiosero en una patria extranjera. Pasan años y decide volver con los suyos, recupera su trabajo, invierte en propiedades mejores que la que tenía y así completa el círculo. Los que lo quieren piensan que ha sanado y que se recompuso gracias al olvido. Pero en realidad él sabe que ese retorno no es más que la última fase de su devoción: ha sacrificado su sacrificio. Quizás sean solamente dos maneras de definir el mismo proceso.
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viernes, enero 27, 2017
Las palabras y las cosas
La idea es de Wittgenstein
y el título de Foucault.
El dictamen es que entre las palabras y las cosas
no hay nada.
Yo le digo a los dos que se vayan a la puta madre que los parió.
Es porque ellos nunca se deleitaron
discutiendo cuatro horas
antes de fundir cada gramo de angustia
como un adicto cuece la heroína
sobre la cuchara.
La droga y la cuchara en este caso
son los cuerpos
(las cosas más irremediablemente enlazadas a las palabras
que puedan existir).
El fuego, ya sabemos.
Las palabras depositan
pesos vivos en los músculos
y cada movimiento busca loco
un significante.
La prueba:
tu gata tiene el nombre que le puse yo
y también tu voracidad,
que sin que vos lo sepas
busca el mío.
El problema es apostarle todo a la referencia,
olvidando que el placer en el lenguaje
es deliberadamente equívoco.
Digo
y no digo
Y en ese no decir
está el órgano que late de sentido.
Acabemos con el snobismo amable,
asco de la falsa modestia,
de sostener que las palabras
no tienen vínculo con la realidad.
Lo acepto, el signo no agota a la cosa.
Las cosas agotan a las cosas.
Pero quedemos en que el lenguaje es la estela de los cuerpos.
Es lo que queda cuando no estás
y como la cola de los cometas
es algo como para observar con telescopio.
Todavía más:
hablar es actuar.
Y cuando
vos y yo
coincidimos
en la noche terrible,
la locuacidad se vuelve un canto fescenio
que prepara lentamente nuestra carne
para el sacrificio.
¡Basta de iconoclastas!
Prefiero ser decapitado
antes de ser obligado a abjurar
del poder de nuestros ritos.
La voz sin sangre, es vanidad.
La sangre sin voz, es cadáver.
Y tu boca, el umbral perfecto.
Pecado de cursilería al que me lleva la dialéctica.
Si combatir a los posmos me vuelve dieciochesco,
aguante Hegel
y que se jodan las imposturas.
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chicoverde
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