sábado, abril 25, 2026

Kaizen

Hay una historia tradicional japonesa que cuenta la vida de un joven príncipe. El príncipe quería ser el mejor samurai de su era para traer honor a su familia para gozar de respeto él. Tal era su deseo de dominar la espada que soñaba día y noche con su fama y veneración pero cada mañana cuando debía empezar su entrenamiento la temperatura era demasiado fresca o el sol era demasiado fuerte o la lluvia impedía salir fuera y si realmente quería ser el espadachín más perfecto no podía aceptar menos que las condiciones más perfectas. Así pasaron las estaciones una y otra vez llevándose con ellas la juventud del príncipe que cuando se quiso dar cuenta jamás había alzado la espada. Mientras tanto, los nobles que se madrugaban cada día y entrenaban en el frío al sol bajo la lluvia con pequeños esfuerzos constantes dominaron el arte de la guerra. Por culpa de esta filosofía milenaria las industrias hoy nos torturan con la mejora continua los sprints la entrega de valor los vertical slices como espadazos sobre la carne de nuestros sueños. Nada puede ser genial todo tiene que ser fatalmente incremental y en ese cálculo nuestra hermosa técnica se vuelve un instrumento con los bordes redondos nuestra cabeza, un cronómetro y la imaginación, una letanía del himno de los vencidos. Lo que nadie cuenta es que los nobles aplicados murieron en la humedad de los campos de batalla mientras que el príncipe soñador envejeció con los pies calientes y una mente libre. Todos estos lamentos de igual forma pertenecen a un mundo que ya no existe ahora la ideología dominante es ser cada día peor cada día engañar más rápido cada mañana abandonar la carne y el espíritu humano. Por eso he recuperado el kaizen, que por otra parte me ha hecho próspero a costa de pudrir mi alma, pero con un nuevo propósito. Todas las mañanas hago ejercicio con un mexicano de Youtube que me hacer repetir yo creo yo puedo y lo lograré. Todas las tardes anoto mis avances para evaluar mi disciplina. Y cada semana aumento mis esfuerzo con alegre resignación.

No es vanidad. Quiero brazos fuertes para alzar mil hijos quiero una mente afilada para desear menos y soñar un porvenir; pero sobre todo, quiero tener aliento para reirme de los androides los que se actualicen para no caer en el fuego abrasador y enjuto de las corporaciones los que sean eficientes para levantar sus katanas sólo para hundirlas en sus vientres cada mañana cada mañana cada mañana.

Piripipí

 "Es hora de levantarse" me susurra mi genio malvado para sacarme estridente del trance. Las fuerzas subterráneas me llevan del lecho a la pradera sin que comprenda del todo cómo mis atavios se treparon a mis miembros. Es una magia anti natural a la que todos se han acostumbrado. Sobre la colina gris, bajo una llovizna imperfecta, todos los íncubos resoplan esperando a la parca en forma de colectivo suburbano, lamentan que la tortura les llegue tarde y añoran la fortuna de quienes van apretados a dentro, imagenen la insportabilidad de un cadalso para el que además han de hacer fila. Es hora de marchar. En el carro una voz conocida comienza su letanía matutina, con un prólogo de risas y estoques sexuales, charlas violentas como miembros de enanos, disfrazadas de amenidades y transfiguradas por la máscara de la carcajada, el bullicio sube hasta que Yami me regala la primera canción de la mañana. Los caminos se enredan y la marcha sonámbula de los titanes de avenida Córdoba mece mi cuna de metal como un gigante arrulla a un pichón que se ha caído de su nido. Los hechizos policromos me detienen y observo hacia los lados, pero las caras opalescentes de los navegantes solo miran hacia adelante como almas en pena que ya no recuerdan la caricia de una madre. Está trabado, no sé si llegaremos. Mi diablillo repite las estridencias de un rey tunante y finge sorpresa sobre lo ya conocido. Acentúa, subraya, se encabrita. Trata de excitarnos en la luctuosidad del desastre, aquello que no cabe en los márgenes de la cordura gobierna y el diablillo quiere hacer de las barreras rotas una danza de desmesura y socarronería. Lo logra. Su rito me seduce y como una lanza penetra en mi ánimo soñoliento. Mientras me cebo en ideaciones masónicas, un mamut que mastica los deshechos de la ciudad altera los ánimos de los navegantes. Ansiosos por llegar a puerto vociferan con sus clarines monocromos. Bajo sus coros bobos recibo como un epifanía la preclara, mística, satánica mirada de Noelia Barral Grigera. Finalmente de tanto sonar las arterias se desangran, los bajeles surcan las olas de sangre con sus trompas henchidas sobre el cemento. La marea me arrastra con su último hilo de agua hasta la puerta de mi faena. Bajo y contemplo los muros de hierro. El mundo que me han contado se ha vuelto tan grande que su circunferencia se me aparece plana e infinita. Un orbe inquietante e inaccesible tras un velo de palabras. Mi corazón se pregunta qué dirá el picadito de Gustavo Grabia. Me despierta de mis devaneos el guardia, con su sonrisa, llena de colmillos que se recortan como una línea macabra hasta casi las orejas. "¿Qué pasa? Es que acaso te has olvidado la tarjeta."


sábado, abril 26, 2025

Algo breve y determinante que escuché en Mundo Marino

Esta es la historia de mi excursión a Mundo Marino
cuando estaba en tercer grado.
No quiero dejar de subrayar la perplejidad
que me produce hoy la existencia de ese viaje. 
¿Exagero si pienso que hoy sería impensable
que un grupo de docentes haga 300km de ida
y 300km de vuelta
en un solo día
con un grupo de 50 o 60 chicos de 8 años?
Pues bien, esto fue sin dudas un acontecimiento
en 1995 para mí.
Lo recuerdo perfectamente.
Vale aclarar que fui tres veces en mi vida a Mundo Marino.
La primera, técnicamente, no fui yo quién visitó
sino mi mamá, que estaba embarazada de mí.
Podría decirse que ese día yo también era un mamífero
sumergido y encerrado en un estanque muy pequeño.
La segunda, fue la excursión de la que trata este relato.
Y hubo una tercera, en 1999, de viaje de estudios de séptimo grado,
de la que nada recuerdo.
Por eso destaco que en 1995 para mí
y mis compañeros de 3ro A y B
era un acontecimiento.
Esto también es necesario contextualizarlo:
en primer y segundo grado había tres divisiones
pero a partir de 3er grado la división "C",
mi división,
se dividía en las otras dos.
La diáspora me dejó en el lado B de la vida
y me impuso como desafío integrarme al nuevo grupo,
que era notablemente más picante que mi grado de origen.
Esteban Blazquez me hacía llorar todos los días,
yo comenzaba a conocer la crueldad.
En ese momento la fauna marina ocupaba con suerte
un tercer o cuarto puesto en los intereses infantiles.
Dinosaurios, top.
Los planetas, cancheros.
quizás la aeronáutica
(yo practibaba aeromodelismo)
gozó de un pasajero tercer lugar.
Y recién ahí un nicho para el material de acuarios.
Pero la posibilidad de hacer una excursión
y ver con los propios ojos un delfín
-no nos engañemos,
cuando decimos "fauna marina"
estamos hablando estrictamente
desde el entusiasmo
por orcas y delfines
posiblemente en un tercer puesto de honor
algún pingüino o un lobo marino
que igual esos se pueden ver en el puerto de Mar del Plata-
la posibilidad entonces de ver un delfín
era como la chance de conocer a una celebridad.
Para entender la dimensión del acontecimiento:
mi abuela me prestó su cámara de fotos
una de esas chatitas, automáticas,
un rectángulo japonés forrado en tela.
No era la Minolta reflex de mi papá
ni la Kodak automática de mi hermano
que se levantaba el flash como si fuera un periscopio
pero era un voto de confianza
que tomé desaforado por los codos.
Aunque no era el único
me sentía muy especial con mi cámara,
tenía la posibilidad de registrarlo todo.
Salimos de la escuela tan temprano que era de noche
y recuerdo perfectamentamente
que nos detuvimos en algún parador para desayunar.
Recuerdo una foto, que no es de mis fotos,
pero que alguna vez me mostraron,
seguramente sacada por Esteban Blázquez
-Esteban, es cierto, me hizo la vida imposible al principio
pero se iba a convertir en mi mejor amigo
al poco tiempo y por muchos años,
yo pensaba que era muy cool
pero en verdad eramos dos boludos fanáticos del animé y los jueguitos
y hoy me causa gracia que fuéramos en par "Este" y "Ese"-
en esa foto estoy adelante de un café con leche,
haciendo con las manos el gesto de
Uinsi Uinsi araña
traducción latina de Incey Wincey Spider
introducida por algún canal de entretenimiento infantil
y que hacía eco en mi cabeza sin motivo alguno por esos días.
En el micro yo le saqué mi primera foto a Hongo,
cuyo verdadero nombre era Carlos
pero le decíamos así porque usaba corte taza
y era el más petiso del curso.
Hongo estaba con su campera marrón
serio
me miraba fijamente imitando un personaje de Dragon Ball Z,
no creo que el viaje se nos haya hecho largo.
Llegámos a Mundo Marino; en San Clemente llovía.
Nos pusieron unos pilotos translúcidos de colores
sin que elijamos, a mí me tocó uno rosa y nadie me lo quiso cambiar.
Recuerdo cierto desorden pero que a la vez
no había nadie más que nosotros en esa visita.
Los profesores hablaban con los jóvenes
que trabajaban en el parque.
Murmullos.
La decepción era bastante generalizada,
había shows que se iban a suspender.
Nos mandaron a una especie de vivero
donde exhibían plantas y nos dieron una lección
de ecosistemas, ambientalismo, biodiversidad
temas de cartulinas.
El clima estaba tenso
y se veía en los ojos de todos mis compañeros:
"nos chupa un huevo, señorita Marcela,
queremos ver a los delfines".
De ese invernadero nos movieron a un acuario
que estaba separado por un largo campo
en el que se dibujaba un camino con arbustos y flores.
En mi opinión había demasiada tierra en Mundo Marino,
no era lo que imaginaba.
En el traslado recuerdo que vimos a un grupo de flamencos
inesperada aparición fluor
como un puñado de fibras en ese día gris
pero no nos dejaron quedarnos a verlos
rápido nos metimos en un edificio oscuro
lleno de peceras gigantes
y todos peces de mierda.
Decían que había una tortuga,
pero no se veía nada.
Pablo Pérez Brancato empezó a joder
con que había un tiburón
y me lo creí por un rato
pero después se hicieron evidentes las risas.
La lluvia finalmente cesó.
Nos llevaron a unas gradas
que daban a una pileta más chica
que una cancha de fútbol 5;
frente a ella un lobo marino hacía un acto
una chica con un micrófono de vincha
le hacía dar volteretas y le tiraba pescado.
El ánimo de todos había cambiado drásticamente.
El lobo marino se escondía
ella se hacía la que no lo veía
y le tocaba la espalda,
un plato.
Pero el verdadero show estaba por empezar
por algún lugar entró una escenografía
¿de dónde? ¿cómo? ¿nos movimos de lugar?
y los animadores vestidos con pilotos
comenzaron a bailar y hacer playback
sobre "Cantando bajo la lluvia"
acompañados de los lobos marinos
que también bajo la promesa del pescado
hacían como que bailaban y cantaban.
Estábamos todos cargados de júbilo
era más de lo que esperábamos
y eso que ninguno de nosotros
jamás había oído hablar
de Gene Kelly y Debbie Reynolds.
De más está decir
que saqué fotos desaforadamente
tanto que terminé el rollo que me habían dado.
El capital vino a mi servicio
ya que había chicas en piloto
promotoras de Kodak
y gasté los 10 pesos que me habían dado
en comprar más película.
Recuerdo perfectamente
que la chica que las vendía
me hizo el favor de cambiar el rollo,
ante la mirada desaprobatoria
de la señorita Marcela,
que 18 años después
tendrá la desgracia de cruzarse conmigo
en una sala de profesores de una escuela
secundaria de Temperley y yo,
un barbudo joven profesor, le diré:
"vos fuiste maestra mía en tercer grado"
me dirigirá una mirada de súbito horror
y pidiendo clemencia con el gesto
detrás de su pelo cano
y su mandíbula aún perfectamente cuadrada,
me preguntará mi nombre
y tratará de acordarse de mí sin éxito
impedida por todo ese dolor.
Se avecinaba el momento crucial:
el show de las orcas.
Nos movieron a las últimas gradas.
La pileta era más grande que la anterior
pero no mucho más grande.
Eran en realidad dos grandes círculos
unidos por un pasillo.
Un hombre en traje de neoprén finalmente
comandó el ingreso de la gran estrella.
Al ver al gigante elevarse por el aire
tuve la sensación de que era de plástico
una máquina a control remoto
simulando ser un mamífero dentado y terrible
aunque amansado y obediente a la vida del espectáculo.
El animal se la pasaba
la mayor parte del tiempo debajo del agua
y aumentaba con cada suspenso el deseo
de ver esa cosa gigante y excepcional.
Sus salidas eran irregulares y súbitas
así que nunca estaba atento para atraparlo con mi cámara,
elusivo y grandioso,
un inasible sueño cetáceo.
Salí de eso show vibrante
como si hubiera tenido un trance místico.
Pero ya marchábamos al micro para volver
cuando escuché a Esteban decir
con un tono de burla
que yo había sacado tantas fotos idénticas
que cuando las revelara iba a poder hacer una animación
pasando entre una y otra.
Ese comentario y las risas que le siguieron
fueron una revelación.
Una lección importante de la que quizás en el momento
no tuve conciencia cabal, pero sí que me tocó en lo más profundo.
No fue simplemente comprender que jamás sería popular
o que mi adaptación a las nuevas reglas de juego serían dolorosas.
Fue algo breve y determinante que comprendí:
el entusiasmo te hace vulnerable.
Ya nunca más estaría seguro.
Mi paraíso perdido es que yo fui feliz
pero dejé que los demás me lo impidieran.
Aun cuando envalentonado por la razón
de que no vale la pena abandonar el gozo
por el que dirán,
son pocos los días desde esa pérdida de la ingenuidad
que no tenga el reflejo de girar la cabeza
y ver si los lobos marinos se están riendo a mis espaldas.
No recuerdo el viaje de vuelta.
Debe haber sido más duro.
A los pocos días mi mamá llevó a revelar mis fotos.
Cuando volvió con el sobre había unas 10 o 12,
la mayoría movidas o encuadrando a la nada,
y las demás...
El hombre de la casa de revelado
no había querido cobrarle a mi mamá por fotos que no servían.
Lo que el ojo ve
no es lo que ve la cámara.

sábado, abril 19, 2025

El micelio

todos los días me pregunto
por qué estoy tan enojado
por qué todo me altera
aunque no lo crean
he llegado a una respuesta:
por el micelio
duermo toda la noche
y me despierto cansado
me corta el semáforo
y el colectivo se va
llegó al laburo
y mi jefe se está culeando a mi perro
por el micelio
la ilusión de ser original
el poder de soportar el tiempo
descompuestas por el sustrato
de espacio continuo
y sin ninguna estría,
por el micelio
internet era mi casa
y ahora me abrieron
en cada esquina un Starbucks
las hifas y filamentos
absorbieron a mis compañeros
por el micelio
pienso en una chica
con la que salí
que me contó que de joven fumaba paco
andaba con malas juntas
pero era obvio que fue solo una vez o dos
hoy no tengo dudas de que vive
en el micelio
veo en vivo y en directo
como mis ex alumnos
toman éxtasis en Barcelona
viajan por Europa
pero en realidad solo se expanden
por el micelio
paso por la estación de servicio
donde los taxistas permanecen
siento un olor penetrante
tan extraño y repugnante
que sospecho es una nueva droga
aun bajo su efecto
se muestran el teléfono
pornografía colectiva
sonrisa y sudor
no hay sexo
solo hay humedad
en el micelio

domingo, abril 28, 2024

La vencida

La magia es real:

el momento de la peor derrota

del fracaso mayúsculo,

es eso,

solo un momento.


Se tuvo que parar el mundo

tuvo que desaparecer la mirada de los otros

para que Lionel Messi

salga campeón

en un estadio vacío.


Jugó mal esa final

no te muestran en el compilado

que se enredó el 2 a 0 entre los pies

que en la última jugada la pierde

y corta la contra el Huevo Acuña.


Ganamos por azar

igual que perdimos todas las veces anteriores

el mundo es estúpido

y nadie puede estar seguro de nada.


Pero eso no importa

porque las cosas más caprichosas

disparan series de eventos encadenados e impredecibles

y mientras estás en la noche oscura

nunca eterna

se tejen las condiciones

de lo que te va a cambiar la vida.


Messi es un hiper racionalista

calcula distancias y trayectorias

con el poder de cómputo de siete misiles continentales.

Tuvo que rendirse primero a la catástrofe

y al caos después,

para convertirse en escriba de su propio relato.

Aprendé vos también.


Nosotros vimos el fixture del mundial y prometimos:

"si Argentina sale campeón nos casamos".

Ni siquiera vivíamos juntos todavía

pero yo dejé de tener miedo

el día que conversamos por primera vez.

Al menos ese miedo pendejo

de si estoy perdiendo el tiempo

y el miedo mucho más importante

de si estoy en estado de excepción en el mundo

y nadie va a hablarme de lo que no sé que necesito escuchar.


Te vas haciendo grande y no solucionás nada

pero los problemas van desapareciendo

se hunden en la arena

por eso Messi ganó el Mundial

porque ahora le preocupa más que se mueran sus viejos

o que uno de los hijos le salga arquero

o no poder volver a vivir en Rosario.


O capaz porque escuchó el rumor

de miles

de millones de promesas

y dijo

¿sabés qué?

Yo te lo soluciono.


No pasa nada.

No va a pasar nada.

No te amargués de más

cuando los hijos de puta están en el poder

cuando la depresión popular es prolongada.

Las cosas pueden volver a salir bien.

Ya vas a estar convencido de nuevo.

Va a ser fácil.

"Ahora es solo eso"

dice Messi

"es solo un momento".

Trepanación

todos los días me levanto con dolor de cabeza

no importa cuántas horas haya dormido

si usé la almohada inteligente

o la viscolástica

todos los días me levanto con dolor de cabeza

a veces no es grave

es algo incómodo pero familiar

tolerable aunque innecesario

como ese compañero de la secundaria que te saludaba con una piña en el hombro

otras veces es un dolor radial y completo

una pulsación conjunta de todos los músculos de la cabeza

hacia adentro

como una morsa que te apreta

escucho la sangre pasando lentamente por las venas

hirviendo

las peores son las mañanas

cuando el cerebro no entra en el cráneo

es una sensación

ninguna tomografía ni resonancia magnética

indica que efectivamente mi cerebro no entre en mi cráneo

es una sensación

una licencia poética

o no tanto

porque a diferencia de los otros tipos de dolores

en este dolor hay una certeza engañosa

y peligrosa

de que podría agujerearme el cráneo

y sentir alivio

como si fuera golpear la tele

no lo podés explicar pero tenés la convicción de que va a funcionar

lo has visto funcionar

aun cuando la razón indique que hay más chances

de que todo empeore

me compré unos electrodos

para darme electricidad en la cara

y así aflojar

no funcionó

ya probé gotas de cannabis

y unos ejercicios para antes de dormir

pero tampoco

el problema es que bruxo

son los dientes apretados

por la bronca que me da

que los imbéciles dicten lo que se piensa

que los cobardes se salgan con la suya

que los infames prosperen

del acúfeno no voy a hablar

porque es tema más apropiado para una novela

volvamos a lo del agujero en la cabeza

trepanación

es la práctica médica que consiste en hacer perforaciones en el cráneo

hay registros del neolítico

se cree

por evidencia arqueológica

y pinturas rupestres

que los hombres y mujeres de las cavernas

realizaban estas operaciones para curar las migrañas

y los desórdenes mentales

hay calaveras hermosas

con agujeros redondos perfectos

en el medio de la frente

como un tercer ojo

que mira para adentro

más adelante se usaron unos taladros espectaculares

en un grabado del siglo XVIII

se ve a un francés con peluca

manipulándolo con una sonrisa

y los meñiques alzados de manera elegante

mientras un tipo acostado

con los ojos abiertos

y la mente en blanco

se deja penetrar por la herramienta

la cara boba

vacía

esa ilustración me transmite paz

soluciones simples

para problemas complejos

martes, mayo 30, 2017

Selfies

Me dijiste:

"esas fotos que me saqué recién
están secretamente dedicadas a vos".
Entonces yo las guardé.
Y todavía no me animo a borrarlas
porque son tan extraordinarias 
las cosas que condensan bien 
el horror y el deleite.

jueves, febrero 02, 2017

Sugerido II

Un hombre de negocios internacionales en la arena quiere decir que son las partes del mundo en perspectiva las que están en este momento peleando por el superar la asignatura pendiente de origen animal. Otro hombre de negro huía de un abrazo que hoy se venía haciendo justo cuando una nueva versión revisada de las 4 fechas anteriores lo llevó a otro mensaje de advertencia: "siempre que se vuelve un poco más hacia arriba y la verdad viene de la voz de la transferencia, hay otra forma de saber el talle de la actividad que ejercen los músculos que no se reconocen".

Sugerido I


Un hombre de la noche y el gaucho de la playa no se vuelve loco buscando un juego que es una piba por tanto nuestro país de origen que es mejor tomarte un poco más o menos no estaría mal la espontaneidad y el título que deja de ser facturado por tanto éxito.

Pérdida y recuperacion de dos goles

Una vez, hace mucho tiempo (no podría tener más de 8 años), me hicieron atajar en un partido. Me convirtieron dos goles y me tocó salir. Una vez afuera, al costado de la cancha, un padre que había llegado tarde se me acercó y me preguntó cómo iba el partido. Yo me encogí de hombros y dije: "0 a 0". Desconfiado, el padre volvió a preguntar un rato más tarde cuando vino otro chico y ese, botón, corrigió y subrayó que yo estaba atajando en ese momento. Sentí vergüenza pero también algo mucho más terrible: experimenté nítidamente la dificultad para retener lo que sucede, la desconexión entre lo que se percibe y lo que ocurre, el hiato entre la conciencia y el mundo. Aunque todavía más impresionante y fabuloso fue la certeza que me invadió una vez que me recordaron esos dos goles, cómo su sola mención bastó para que los encontrara y reconstruyera.
La verdad es que no estaba nada interesado en el partido y el fastidio había tejido una cortina de otros pensamientos entre lo que estaba pasando y yo; lo fantástico es que ahora, hoy, todavía recuerdo perfectamente esos dos goles omitidos brevemente y en cambio no tengo idea de qué estaba pensando cuando los ignoré.

Libro de muertes

En venticinco días del mes de Diciembre de mil setec.~ setenta y siete fue sepultado en este Cement.° del Fuerte de Sta Teresa Manuel Payilá Pí, Pampa hijo de padres infieles; recibió la agua del Bautismo en su última enfermedad. Lo que certifico, como Capellán.

Fr. Pedro Bartholome

En veintiocho días del mes de Diciembre de mil setec.~ setenta y siete fue sepultado en este Cement.° del Fuerte de Sta Teresa Dr. Agustín Lepopiri. Cacique del Pueblo de San Carlos en las Misiones, casado con Da. María Josefa Mburí, recibió los Sacramentos de Penitencia y Extrama unción que certifico como Capellán.
Fr. Pedro Bartholome

En ventinueve días del mes de Diciembre de mil setec.~ setenta y siete fue sepultado en este Cement.°del Fuerte de Sta Teresa Dr. Félix Sayobi. Cacique del Pueblo del Conjuro en Misiones: recibió los Santos Sacramentos lo que certifico como Capellán.
Fr. Pedro Bartholome

En quince días del mes de Enero del A. de mil setecientos setenta y ocho fue sepultado en este cementerio del Fuerte de Sta Teresa Raphael Leyes de nación Pampa. Recibió los Stos. Sacramentos de (ilegible) lo q/. doy por fe.
 Dr. Juan de Saragosa

El camino a la tierra prometida

Un profeta llega a la tierra prometida solo para darse cuenta de que por el camino perdió a todos sus fieles. Al voltear y reconocerse solo, decide emprender el camino de regreso y buscar a quienes se perdieron. En cada pueblo, al costado del camino, atorados en los matorrales, perdidos en los montes, se va encontrando a sus seguidores, absortos o quizás un poco asustados, inmóviles y balbuceantes. Uno a uno los toma de la mano y los lleva a la tierra prometida. El proceso es trabajoso y debe repetirlo varias veces, así que cuando termina se desploma, exhausto, y se convierte él mismo en el camino. Uno a uno los fieles comienzan a recorrerlo en una y otra dirección, como rebotando, para siempre.

Ab urbe condita

Un peregrino encuentra una calavera en el medio de la llanura y decide fundar un pueblo en ese preciso lugar. Sorpresivamente las rutas comerciales encuentran conveniente ese paso y el pueblo prospera. Se construye una plaza de asfalto y luego un cabildo para tener una razón para cruzar la plaza y luego un lupanar para que vayan los municipales y luego un cine para que las prostitutas visiten en su tiempo libre y luego una pulpería para que vayan los empleados de la sala y luego otro cine más porque le gusta mucho ver películas a la gente de este lugar. Una noche, de lo profundo de la plaza se oye un crujido y sale a la superficie el resto del esqueleto cuya calavera inspiró la fundación de la aldea. El esqueleto se incorpora y va para el cine donde se sienta, oh casualidad, al lado del peregrino fundador. Este lo reconoce de inmediato y corre asustado a su mansión para buscar el cráneo, que ha guardado todo este tiempo y lo considera su tesoro más preciado. De hecho, le gusta tanto el cráneo que así se llama el pueblo: Cráneo. Vuelve al cine angustiado temiendo lo que pueda suceder a continuación, una vez allí, con solemnidad y terror le devuelve la cabeza al recién levantado, pero él se niega y, aunque agradecido, le permite al peregrino que ya no peregrina conservarla. Ya no la necesita. Entonces el fundador se da cuenta de que él tampoco la necesita y que tampoco necesita el pueblo sino que su deseo más profundo es continuar su peregrinaje. Y además se acuerda de que su viaje había empezado como una promesa que nunca cumplió por fundar ese pueblo y quedarse allí. Repentinamente siente pavor, experimenta un vértigo terrible y sale así como está hacia el camino para peregrinar salvajemente. A los 10 kilómetros se da cuenta de que todavía lleva el cráneo entre sus manos, entonces caprichosamente lo estrella contra el suelo y lanza una maldición en simultáneo. El cráneo se hace polvo. Voltea y observa cómo el pueblo continúa incolumne. Algo dentro suyo quería que al romper la calavera la aldea se desmorone. Pero no, sigue allí y en breve elegirán al esqueleto sin cabeza como nuevo alcalde y todo seguirá más o menos como hasta hora y así por bastante tiempo.

Asamblea de los peces

Se larga a llover en el mar y los peces debaten si deben celebrarlo o no. Si llueve, muchos pescadores se irán a sus casas para guarescerse y eso es bueno. Otros argumentan que la lluvia, que moja a los seres de la superficie, los vuelve menos únicos. Otros se sienten invadidos por un inexplicable terror. Otros experimentan una euforia tal que no pueden debatir, nadan furiosamente contra y a favor de la corriente, batiendo sus colas extasiados. Un pez salta para sentir la lluvia y se siente decepcionado. No tiene nada nuevo que llevar a la asamblea. Los peces finalemnte deciden celebrar y organizan un baile bajo el techo de cristal de la superficie acuática. Observan las gotas golpear la superficie embobados. Esta historia contiene una gran enseñanza, pero para los peces solamente.

Tropo del mensajero ejecutado

¡Me fascinan las historias en las que un emisario lleva a una nación extranjera un mensaje que dice que al llegar lo maten de inmediato! Es un tropo tan hermoso que aparece en Hamlet. Si yo fuera rey y recibiera un mensaje de ese estilo, me excitaría tanto que no cabria en mi trono del júbilo, pero rápidamente lamentaría no haber eliminado a alguno de mis enemigos con esa metodología tan falible como elegante. De todas formas los celos no me llevarían a incumplir con la obligación homicida porque soy un hombre honrado. Sí me volvería loco por ejecutar una venganza así más adelante. Lo haría ahora, pero la verdad es que tengo pocos enemigos porque administro el Estado con mucha sabiduría y el reino es bastante próspero y pacífico. Más razón, quizás, para permitirme satisfacer mi capricho de aniquilar a un adversario de la forma que a mí me plazca. Pero eso también es parte de ser honrado y sabio, no dejarse llevar por los vicios. O quizás soy un necio. Quizás en este mismo momento un grupo de rebeldes confabula contra mí desde su guarida en las montañas, pero si es un grupo y no un individuo, y (sobre todo) si es un golpe en mi contra lo que fraguan, estaría obligado a realizar un ajusticiamiento público que funcione como punición ejemplar disuasora de posibles revoluciones futuras. Solamente podría asesinar así a enemigos íntimos obtenidos en las inesquivables intrigas palaciegas. Hamlet era sobrino de su tío. Pero yo quiero mucho a mi familia. Y ellos no conspiraría contra mí. O quizás esta ingenuidad sea mi ruina, ¡es tan difícil estar seguro de lo que se sabe de los demás! Pero si es así, prefiero morir en mi adornado salón antes que gobernar una patria de parricidas.

Cruzar la calle

Un nene va a cruzar la calle pero antes de hacerlo se detiene porque tiene la súbita sensación de que si lo hace ya no podrá volver por muchos años, entonces decide regresar a su casa. Pero ya es tarde porque al cruzar la puerta tiene 50 años y en la entrada se cruza con el médico que vino a atender a su madre en el lecho de muerte. Ya no puede despedirla porque acaba de morir. Sus hermanos lo miran con reprobación y furia, aunque en realidad dirigen de manera esperable aunque injusta la frustración de acabar de ver morir a su madre. Algunos piensan que su muerte es culpa del hermano que se fue y nunca volvió, otros piensan que no es su responsabilidad aunque ciertamente la desaparición de uno de sus hijos debe haberla afectado y uno de los hermanos, que es ateo y muy racional, insiste en que no tiene nada que ver. El recién llegado está tan desconsolado como cansado por el viaje así que en vez de tomar posición decide no pelear con sus hermanos en este momento. Se va a dormir y a la mañana siguiente despierta en su lecho de muerte. Débil, intenta balbucear sus últimas palabras pero el aliento no le alcanza. Su sobrino le cierra los oos y se prepara para ir a trabajar.

Discípulo iluminado

El maestro le ordena al discípulo que deje de usar el celular, que así nunca va a alcanzar la iluminación, pero el alumno está viendo un tutorial sobre eso mismo y mientras el maestro lo reprende, empieza a elevarse y flota en plena armonía ante la mirada atónita del maestro y los otros iniciados. Ahora los otros discípulos lo adoran a él y olvidan al viejo maestro, aprenden sus técnicas, remodelan el monasterio, y consiguen que todos floten a una distancia impresionante y al cabo de unos meses la velocidad en que los nuevos iniciados comienzan a elevarse es cada vez más rápida y están todos tan por encima de la tierra que ya no les sirve de nada el templo y hasta la montaña les queda bajita así que se elevan hasta perderse de vista y ahí el viejo maestro puede volver al templo y seguir iniciando jóvenes deseosos de iluminación por los años que le queden.

El perseguido

Un hombre anda por un camino y siente que lo persiguen. Se da vuelta y no hay nadie. Al rato se da vuelta de nuevo y tampoco. Por tercera vez voltea, y nada. ¡Ah! Pensaron que como era la tercera iba a aparecer algo? No, en esta historia recién ve algo cuando mira para atrás la cuarta vez. Ahí descubre a un hombre recio y de aspecto aterrador. En luigar de tratar de huir, como haría cualquiera que se sintiera perseguido y viera confirmados sus temores, este se queda parado y espera que el otro lo alcance. Cuando llega le pregunta por qué lo persigue y el otro le contesta que lo persigue para matarlo. El hombre pregunta amargado por qué y el otro no le contesta. "¿Es por mi dinero malhabido?" pregunta y el otro dice débilmente que sí. "¿Es porque fui infiel a mi esposa?". El otro asiente. "¿Es por haber traicionado a mis amigos?". "Por todo eso y más" contesta el tipo misterioso. El hombre baja la cabeza lamentándose unos segundos hasta que se le ocurre preguntar algo más: "¿Así se muere todo el mundo?". "No", le dice la figura extraña, "esta muerte solamente te toca a vos". El hombre pregunta por qué le tocó a él pero el asesino no contesta, vacila, murmura algo incomprensible y le termina diciendo que si le explica bien se va a amargar. El hombre insiste pero ya no hay tiempo así que el otro le clava un puñal sin decir nada más y se lo lleva arrastrando lo que queda del camino.

Ladridos

Hay verdades tan ciertas que no pueden ser oídas, ni pueden ser dichas, ni tampoco formuladas y cuando uno llega a alinearlas de casualidad, revienta. Por eso el sabio las envolvía en historias.
Una decía lo siguiente: una señora tenía un perro que le ladraba a los autos. Para que no haga ruido, la señora se mudó de la ciudad a la playa, pero una vez en la playa el perro le empezó a ladrar a los cangrejos. Ya que los ladridos persistían, la mujer resolvió volver a la ciudad porque vivir allí era más conveniente en otros aspectos. Pero la cosa se puso peorporque el perro ahora ladraba no solo a los autos sino también a las bolsas, a la ropa tendida, a los carteles, a la televisión, a su propia sombra. En definitiva, parecía que el perro ladraba, y listo. Y así hizo hasta quedarse afónico y entonces ladraba con un sonido quebradizo tristísimo que daba lástima pero también risa y eso era lo más incómodo de todo: sentir lástima del pobre perro y a la vez no poder contener la risa. Eso era peor que todos los años de ladridos ininterrumpidos.

Una de metamorfosis

Un viejo piadoso que toda su vida quiso ser un ave consigue finalmente que su deseo sea concedido. Levanta vuelo y experimenta la felicidad más pura; pero enseguida se da cuenta de que debe alimentarse a base de instectos y la idea no le agrada. Ve a los bichos y su nuevo apetito de pájaro le hace desearlos, pero sus viejos reflejos humanos lo contienen. Cuando supera el asco y empieza a hacerse a la idea de comerlos, se da cuenta de que siente lástima por los insectos, porque ahora que es pájaro resiente la facilidad con que los hombres depredan a los animales y también entiende que está mal que los animales se coman entre sí. ¡Cómo no pensó nunca de esa manera acerca de las aves y los insectos! Vive angustiado, aunque poco tiempo.